Intermezzo: Jano en todas partes confesado a la 1.45 am

Este es corto.

Extraño
las manos de niño
la risa de la que no encaja
y las piezas que no encajan de los ojitos que perciben la mitad del mundo.

Y no extraño tus berrinches
ni tu impaciencia
ni el que a veces, pensaras que no te tomara en serio
cuando te tenía tan alojada en parte del miocardio
siendo consciente de que los dos estábamos rotos no solo anatómicamente, sino desde el fondo de nuestras palabras hasta el borde de nuestras mentiras que, nos decíamos, eran nuestras autoestimas.

Y entonces no cesa de ser raro
que en los días que invoco el beso de Isis
sobre mi frente
tenga que salir a la calle y sospechar que algo en tí me está latiendo
porque en el rostro de todas las mujeres que me sonríen por gusto y no por desgano
o descaro
veo la curva hermosa que se deslizaba sobre tu rostro.

Maldigo un poco a Neruda por ponerme ese espejo al frente
antes de irme a dormir.

Porque dicen que cuando un hombre no tiene idea de lo que está haciendo, es que puede hacer lo imposible, lo máximo, lo indecible.

Tantas canciones de amor y un azul desesperado
y acá sigo con alas nuevas
pero en ventanitas como hoy…

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