Metrónomos depurándose

Cada momento que no te tengo acá
al lado
al frente
por los ocho costados que forman a un hombre
me siento infinitesimalmente pobre.

Desde que nací pensé que me esperarías.

Ahora me paso las noches y los días corriendo detrás de tí, mirando en las caras de mujeres extrañas las aristas que nunca comprendiste moría por darte.
(Hoy, como en mis días de desespero, me arrancaría la corona que me han regalado y me quedaría entumido con tal de que me regresaras en el centro de mi garganta la flor.)

Hoy es un día de sabor electroácido, porque ¿de qué otra forma voy a enunciar el sabor a sangre mineralizada que me recorre las mejilas por dentro? ¿Cómo voy a justificar el querer matarme a golpes con el mundo con tal de que me pongas atención y me ames por desvariado, por desafiante, por completo y concreto?
¿De qué sirve la voluntad de un Leviatán si andás por la vida en silla de rueda?
Alguien que me la explique, por favor, sin cesar para respirar, para ya.

Quiero tener un acceso de locura y violar iPhones con una patada de hacha sobre la cabeza de una persona más alta, más flaca, más bella.
Quiero arrancarme los nervios del alma para no querer bailar como Kevin Kline cuando le preguntan si es o no es, cuando lo que él es (probablemente) materializa el vivo contorno del animal más hermoso que el cine haya producido y que a ningún faccio prostirecogido le cabría en la cabeza una espora de su sombra.
Quiero frotarme la piel con tu indiferencia no para que se haga estremecimiento en todo monte,
sino porque quiero que me tomes y me acunes y me hagas de los tuyos.
Y luego quiero estremecerme porque puedo olvidar que la soledad me atraviesa tangencial mientras miro por duodécima vez en el mercado y me doy cuenta de que vivo en un mundo de anaqueles, no un espacio florido.

Dicen que cortarán las flores pero no detendrán la primavera.
Idioteces.
¿No cae la ficha? ¿Cómo se espera una flor si no hay terreno para semilla?

¿Cómo, hoy me digo en ciertos espacios, si estoy entre un anaquel y otro, voy a ver lo que realmente me debe abrazar?

¿Cómo hago para dormir pleno, si por un huequito, cada día, me siento más rejuvenecido y al mismo tiempo siento alondras escapándose por las fauces de mis hombros, robándose en su boca tonos cristalinos de bismuto que mi sangre vieja ve en sus visiones…?
En tu regazo tibio color durazno reposo, Madre, pero temo que ahora no hay cama de hojas para este hombre: siento solo caída entre cavernas de minerales, y el mundo de lo vegetal se ve a lo lejos, muy lejos, brillar…


Algunos nacen con el tiempo en las manos. Otros, con el tiempo por delante.

Yo nací con el tiempo atrás, llegando tarde a todo, llegando tarde a la felicidad y a la misma furia divina que imita a la serenidad.
Y ahora
la búsqueda de desanudar lo escalado
a falta de mar y carrera de fondo
no hace más que reclamarme. “Quiéreme”, me dice. “Quiéreme, porque hoy hallarás en un beso roto y dulce tu propia dimensión de contratiempo”.

Y los demás, a la cena, que ya está tarde.

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