El final de un lustre

Hora de limpiar las máquinas y volver a
reciclar.

Es rara la nueva versión del happy ending.

¿Cómo se juntan dos mundos sin despedazarse las personas?. Me entra un mareo y no sé cómo salir a caminar cuando siento que no tengo a donde ir de ello.
Da algo de pánico escénico el salir al mundo y decirle “hay esto en la heladera, y quiero compartir esto que parece chocolate común pero es algo más refinado… y sin aditivos… y capaz no te gusta, capaz no lo aguantes”.
Da miedo, el llegar a esta porción de la vida en la que vas comprendiendo que todo tuvo su precio y que las decisiones afectaron a lo que hoy eres y las ventanas con las que cuentas para terminar o empezar.

Prefiero otra lengua -tal vez-, para eternizarme en ese sueño. Prefiero compañera; prefiero militante; prefiero acompañante, o meretriz, o tripulante de casa, o marinerita. Palabras como the oneHerLa ElegidaAmor de Mi Vida, me parecen insuficientes.

Y también con un beso en la punta de la nariz o en la mejilla mientras doy las gracias con alguien más por el hecho de haber comido ese día, en ese momento, ahí mismo nada más.
Así como sueño con un olor leve a leche de almendras con miel acompañando el desayuno y música de fondo de cualquier clase, pero con una fuerte base rockera. Sueño, sí, con tocar una cocina y encontrar mientras busco en el mesón un cuchillo y al mismo tiempo encontrar a quien me pase el pan para armarme un brioche.

No quiero una boda con un smoking ni un anillo ni con unos papeles. No quiero casamiento. No quiero hijos. ¿Es tan dificil?

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