Bruñidos

Brilho

Mi pregunta enorme, mi pregunta grande, es qué es mi vida.

No mi vida sin,
sino mi vida.
No mi vida a pesar de,
sino mi propia vida.
Veo el color de las hojas en los corazones de los espejos multiplicándose, derritiéndose entre la polaridad de lo oscuro y la polaridad de lo brillante. Veo a mis amigas bailar y crecer y yo, amarrado a una fecha fatídica y a sus seis o siete reproducciones en el tiempo, desatando nudos, mientras me pasa por encima el espacio.

¿O no es así? ¿No es ese el ritmo de nuestros tiempos?

Acaricio con un dedo el mundo que me rodea y no veo nada más que cosas en reuso: plástico, tarjetas de crédito, estructuras vacuas. Me pregunto un poco -un poco mucho- hacia dónde irá a parar este inicio de año, este palpitar fuerte entre mis dedos.

Me siento como un monje haciendo de obrero que ha estado empujando durante demasiado tiempo un bulto y ahora, ¿qué hace?
Bueno, ahora se va a dedicar a barrer el piso para, consagrado el suelo, empezar a construir la pared y el techo.

Mañana será, por cuarta vez, que tendré que decir “debía ser yo, yo debía estar ahí al frente, ese era mi papel el que debía recibir”. Y luego decir “no es suficiente, debo ir más profundo”. Y luego ser cavidad y toque y la tela eterna que nos une a todos y luego silencio.

Me pregunto muchas veces, ¿cómo permití que pasara esto?, ¿dónde estaba, luchando por qué?
¿Es posible semejante grado de foraneidad con uno mismo, a pesar de habitar los mismos órganos y espacios?

Reprogramarse por las cosas es lo que más me ha costado deshacer, el aprender a decidir por mi propia voz ahora que estoy integrado es un poco como haber cosido con una aguja pieles internas, de adentro hacia afuera, y haber dejado las lonjas de piel a la intemperie para poder dejar que se sequen una encima de otra y en ese proceso de secado, ser testigo inerme, inocuo, de cómo van empatando las secciones del alma.

Es un hecho cruel que la reconstrucción probablemente me cueste mi propia vida. Es un hecho fortuito y extraño que sea arbitrario o un designio oscuro el que me guía paso a paso, el que me indica con toda la seguridad que debo dejar atrás ese sistema construido. Pero entonces, ¿con qué elaboro?, ¿a qué me enfrento?, ¿con qué herramientas afronto el nuevo sistema si el antiguo ha muerto dentro de mí?

Hay una parte del viaje que implica el elaborar uno mismo su mapa. Bill Watterson lo decía claramente, es la parte más difícil de vivir el elaborar uno mismo su significado en el mundo mas  hey, no está prohibido. ¿Qué puede ser un artista bisagra entre siglos, cuando todavía no han subido a las conciencias las motivaciones adecuadas, cuando estamos viviendo un intento (desesperado, lo sé, pero no por ello deja de asustarme) de dejarnos amarrados al fondo de la bodega en una Edad Media? Solo un TONTO creería que hemos vivido tiempos demasiado liberales: hemos vivido tiempos liberales para comprar, no liberales para amar.

Y acá vamos.
Saliendo de las partes más amarradas en nuestro interior. Huelo tanta fibra rota a mi alrededor que no sé donde empieza la madera ni el papel y donde mi propia persona levando anclas antiquísimas.

Y pidiéndole, de todo corazón al cielo,
que permita ver el andamiaje para poder soportar el ser uno mismo
sin morir en el intento
o ser exiliado
o violado
o abucheado y denigrado
sino en un estado pleno de recepción de nube en flor.

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