Todas las distancias bajo la noche son mariposas

Hay un deseo de vacíos, de silencios, de impactos profundos que abracen miles de amortiguaciones. Nos recorre también a los hombres con sus opacidades y aperturas insinuantes, sin que sepamos bien a qué Dios agradecérselo y a qué memoria perdurárselo.
Y así nos pasamos jugando mientras el magnetismo se despliega entre viejos muslos y nuevos abrazos. Estos últimos que no curan el tiempo… sino esos baños de mineral que limpian la traza por donde nos hemos dejado manosear del segundero.
Acá y allá.
Allá. Y acá.
Mientras en el borde de un vaso se abre la respuesta común a las voces que llevamos en las entrañas.
O secciones transversales arrojan desde tu cara una luz extraña, tus pómulos devoran y me devoran el oxígeno y todo lo combustible en el cuarto. Te estoy dejando esto mientras se seca la pintura sobre la alacena. Cuando haya terminado tendré que dejarte.
Levantaste suave silencio en la mañana y pensaste que era una carta al padre mi relato.
Una masa llena de esferas de luz cruzada. Cruce por contención. Si supieras…
Tener tu pulso entre mis manos, con dos dedos firmes, mientras se desdobla mi axioma y me deslizo en mí mismo al esperarte. Con paso firme te enseñoreas sobre las delicadezas que unos dedos pueden o no realizar. Joyas verdes y acanaladas, destellos blancos fríos sobre piel morena y amplia. La que te busca te completa, el que te busca se obsesiona. Deslizo mi mano entre las telas. Una, dos y tres veces.

Contigo tengo el sabor completo de la fama dentro de la estrechez amable… me contienes, me levantas, eres semilla y alimento marítimo acostado. Tienes la alegría curva, progresiva, algebraica, destellante, agresiva, patronal, descargada, inmigrante. Me hueles a sal, a salvia, a vino curado con romero y a una carne asada sobre un lecho de morrones frescos bañados en vermouth. Me sabes a canela, a chocolate y a madera.
Siento como los labios se me hinchan y yo soy tú y tú eres yo… tengo en la punta del alma deliciosos bytes que me dan cada curva y cada pliegue tuyo. Cuando te toqué ayer estaba como un ojo cerrado, estaba tenso: persigo la belleza porque siento que me elude, así que no es natural para mí volver al ruedo cuando hace minutos estaba protegido de otras memorias dentro de mi feliz cubículo con cama. Soy mi propio pensieve –palabra hermosa-, soy anillos de feromonas y drogas dentro de mi propio cuerpo. Estoy con las manos blancas y limpias a la vez de memorias.
¿Hay un proceso más bello y sencillo que mirarte y decírtelo?
Tú me haces navegar el dragón.

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Rutina de jueves en la noche

Subí por las escaleras y me sentí ebrio, borracho,
encontrado con tu reflejo amargo con el sabor leve al ácido dulce como las manzanas verdes. Y continué,
y abrí la noche,
las ventanas,
la sombra en la cual te dí un beso,
y la noche en que me quedó una encina marcada alrededor de la silla desde la que dibujo.
Tengo mis piezas en su sitio y sitiadas mis fechas. Ese no es el tema.

Mi problema contigo es que no tengo ya flechas. Mi problema es que no tengo carcaj. Pero si lo tuviera, rugiría como el león, me enjoyaría como un martín pescador, persiguiría como un lobo y avanzaría sobre los desafíos con la sobriedad de un elefante.

Te estoy escribiendo esto desde unos sueños rojos con sabor a moras, en los cuales me rodean sin cesar hileras de calaveras en un enorme muro. Mañana estallará la guerra y yo solamente pienso en bajar doscientos y ocho kilos para besarte la punta de los dedos. ¿Qué loco no?

Estoy confinado musicalmente y con felicidad sobrevivo, una alegría sobrenatural y vespertina me acoge y permanece, muy a pesar de la soledad autoimpuesta o del gravamen publicitario.
A pesar de los esfuerzos, algunas cosas se acumulan en los pliegues del alma y tienes que ir renunciando para poder sobrevivir.
Lo que soy yo,
estoy buscando que me digas si te amo, si me quedo, si desplazo mis sentimientos entre memorias o no. Igual tengo al finalizar esta carta que comer algo de cereal y al salir a la calle verles los ojos de reptiliano a las señoras de cuarenta.
¿Hambre? Bueno, hay. Un poco.
Se abre la botella de color ámbar. Tomo la lata forjada con el espacio para su cabeza. ¡Pop!
Me tomo un trago de algo amargo mientras se despliega la visita de la próxima. Pero quisiera que entendieras, que me aburrí de tener que usar traje para esos descensos.

Llave en la cerradura y crucé los pies como juré nunca hacerlo cuando me siento, solo para narrarte esto tecleando. Y llueve afuera en la ciudad pero tengo el alma tan cálida.
Aflora.
Espera. ¿A?

Abrir el portón

Estiro los deditos y voy cerrando la puerta con tranquilidad y con la completa confianza del acto implacable.

Es decir… han pasado treinta años para que el mundo se ponga al día con algo que ya ha conocido con claridad de la condición humana. La pregunta ahora será cuánto tiempo más ha de pasar para que se adueñe de sí mismo, sin dolores, sin mal olor, sin hacer una caza de lo cool por lo cool.
Veremos si se agota lo angosto, o si este termina conmigo primero, contigo, con otros.

Y abro la ventana de mi computadora, y leo lo que intuitivamente todos hemos sabido; comprendo que no se trata de rojo o azul, de blanco o verde, sino de temas humanos, de tener un viraje empuñando Lo Abstracto. Que lo que los últimos filósofos escriben sella el círculo de lo que hablaba Alan Watts, lo que propulsó Florina Donner y Víctor Sánchez, lo que se promulgó en los Acuerdos de Río. Qué paradoja más grande es que un koreano viviendo en Alemania les diga a todos los de habla occidental que la persecusión del éxito capitalista solo da zozobra porque la estantería misma necesita venderse para pagarse el arriendo de la tienda… y que con poca distancia, un francés extraído de la entraña misma del barrio-obrerismo y pensamiento working class hero del socialismo más intelectual y gris del mundo exponga en un libro que podría reemplazar a la biblia católica (700 páginas caballero, eso ni El Hobbit de Tolkien) cómo es que la brecha del parto del nuevo mundo la quieren taponar con cemento y acero los ricos haciendo desaparecer para siempre a la estabilidad. Oceanía siempre ha estado en guerra con Eurasia cesa de ser utopía fascinante postpunk para ser presente certero. Y nosotros necesitando una buena partera…

Alcanzo a tejer la trama de actos para asimilar cómo he estado detrás de una pantalla porque mi voz cooptada por cada impulso publicitario también ha buscado ser amansada/postergó la posibilidad de cambio: la madurez emocional que no habíamos querido asumir acá como especie me afecta, palpita, deja claramente expresar que todos somos iguales si regresamos al orden de blancos a un lado y negros al otro del comedor. Piensen en la tranquilidad de los abuelos…
Comprendiendo las raíces que hacen que en lugar de atraer gemas, asimilo que hoy al salir a la calle esté cargando con una Libra que viaja entre el reciclaje y la vida bioarmónica o el consumismo puro y zumo de hormonas, mas no con una propia elección o una sensualidad de Antares. Convivo con una ilusión prestada de qué era la vida cuando no existía internet. ¿Estábamos -paradójicamente- más cercanos del pragmatismo integral entonces?
Depurándolo.
Estoy limpiando mi reflejo.

¿Estoy viendo el nacimiento de la generación más práctica de la humanidad?
Pienso que tal vez la mejor forma de describirnos es como la generación con Conciencia de su Propia Culpa; es como si admiráramos ese desecho orgánico en lugar de ponerlo en el tacho de basura. Y tal vez por eso es que los que nos siguen en edad pocos años después crecen como verdaderos sociópatas. Les comprendo el impulso, lo hallo en mi interior también, yo tampoco quisiera afirmarme como alguien “serio” si va a terminarse en cualquier momento el suelo, viviría estresado y hedonista y al pedo para poder destruir todo lo que me genere una base. Esta es una atmósfera que idolatra el enorme fracaso de no haber sido la bisagra que el mundo necesitaba para poder transformarlo de un impulso salvaje capitalista a una realización comunitaria. Que ve en el espejo el paso del tiempo de la culpa de los padres por no haber hecho efectivo el cambio a un mundo mejor como el precio a pagar por una renta/hipoteca/hijos/carro… y poco se ve a sí misma.
Nuestra “madurez” consiste en envidia que surge así: mientras algunos trabaron su diálogo interno con azúcar ahora casi todos lo hacen con helados de LSD o cannábicos. Se percibe cuando algunos hablan de moral o ética sobre “esta juventud” una vocecita de desespero por la elección consciente de muchxs de devorar vallas y pajas mentales. ¿Qué se digiere, realmente? Admirar lo linda de la puerta en lugar de ver a dónde da es un poco idiota.
Una generación preinternet que sabe que todos los ídolos tienen pies de barro, pero que no tiene los cojones sino de amar lo que le haga sentir bien y dejar al mundo que se pudra. Iniciamos la secuencia de autodestrucción, no se necesita ser lanzaverdades para ver que lo estamos aceptando.

Es un trabajo en solitario que impacta a nivel profundo en el medio el crecimiento de conciencia. ¿Qué nos va quedando después de ese trabajo? ¿Cómo medimos esa ganancia?
Pero lo desesperante, ¡es que tienen razón! Cada uno de los boddhis tiene razón.
La puerta se abre cuando se siente el llamado, cuántos pueden sentir el llamado hoy en día, ¿cuántas personas están percibiendo que existe la posibilidad de ser llamados, contactados… inclusive, amados? ¿Por estar vivos?
Un colectivo de Respuesta de Defensa Artística AntiZombie será en poco iniciado, ya no como imagen de Hollywood o novela Televisa sino como corporeidad de búsquedas de simetría en una respuesta que es obviedad.
Lo veo como un movimiento, una onda expansiva tan alta como una montaña y tan serena como ella.

Hay ruido de fondo adueñándose de mis oquedades. Y como tal se manifiesta incesantemente el mundo.
Es entonces cuando afirmas que de existir un Dios, tu lejanía con el mismo no ha cesado, porque no has podido quebrar la frase el mundo es dolor.
Es como si la realeza no existiera. Como si en realidad, te la hubieras inventado como concepto y como desarrollo de trascendencia solamente para poder hacer llevadera la enorme carga pesada sobre este mundo. Acomplejado, buscas una respuesta que te ayude a sobrellevar la historia enorme de culpa y abuso que reposa directamente sobre tus hombros, pero el frío y el silencio están ahí para dejarte ciegos… para no dejarte salir de tu recuadro. Se desdibuja la cartografía emocional. ¿Y tu atención? ¿Estás acá atento al ahora? ¿Piensas que los colores que hallas y lees son solo colores, o viste si son enlaces a mundos ocultos al frente tuyo?
Mientras tanto en este exilio involuntario empiezas a dudar sobre si lo que has hecho ha traído amor y ganancia o solo constante pérdida.
Otras voluntades de forma ilusoria intentaron cambiar lo existente… ¿qué han ganado? ¿Cuál ha sido su recompensa? Indican todas las disciplinas que es necesaria la humildad para sostener estas verdades con serenidad, pero jamás indican lo terrible que es el sentirse paria en tierra ajena.
Y sin embargo esto no se pone bonito: se degrada. Nos hemos dejado degradar. Sordos, ciegos, mudos, asustados, nos hemos dejado deformar de una manera espectacular por las promesas de los ochentas en el siglo XX. Algunas personas si hicieron lo que debían hacer y simplemente trabajaron dentro del marco del mundo y materialmente tienen su recompensa.
Y sin embargo…
Se supone, que esta generación ya habría salvado al mundo. Que ya lo tendríamos curado, limpio, potenciado entre nuestras manos. Y me da ansiedad tanta información que encaja ahora como normalidad, me hace sentir desnudo y al mismo tiempo, sin propio cuerpo.
Cada día que pasa, encuentro ejemplos sencillos. Las personas que planearon una gran vida y la perdieron, las personas que están creciendo y se están desvaneciendo, las reflexiones sobre el capitalismo y la eugenesia, el cáncer como forma de vida, cosas así.

El trabajo enorme está siendo realizado sobre lo fértil, lo que se ha echado a perder son las semillas.

215 West 57th Street (between Seventh Ave. and Broadway)

¡Hola Francesca!

Entonces… estoy emocionado por el proyecto… ¡tú no? Lo siento, tal vez es una cosa muy latina, tal vez no la comprendas bien.
Por naturaleza soy antiacademicista, tú lo sabes, no creo que el tener carita de encorsetado ayude mucho a pesar de que los entiendo con una naturalidad… y sí, todavía refunfuño porque no me devolviste mi asuntito de The Kooks… por el de Metronomy. Claro que esa foto que enviaste fue bastante  O_O
I will not argue with the fact that the color red suits you.

Volviendo a lo anterior es que quería darte gracias porque creo que este proyecto está apenas en su momento.
El agua ha estado trabajándose durante semanas y es probable que nunca más volvamos a hablarnos si el impacto emocional es demasiado fuerte para tí.
¿Sabes? Me acuerdo cuando en clase preguntaste a los mexicanos por qué sí tenían todo tan claro venían acá solo por la escena nocturna y tú les recordaste que ya habían nuevas propuestas desde hace varios meses y que gracias a los tratamientos que estábamos haciendo, los músicos ex-drogadictos estaban tocando como si tuvieran 23 años a pesar de estar en sus 36-38… y las risitas cuando sacaron su paquete de merca les hizo ganarse una carcajada tuya cuando les arrojaste el libro de Stanivlasky en la cara.
Fue inigualable XD

Te dejo. No quiero ser un pesadote más… estom… ¿revisaste mi nuevo número de móvil? Eso espero. Esto de tener Saturno en Escorpio me hace un poco menso, un poco ortodoxo… espero no te saque corriendo.
Somos la avanzada de lo mixto: tiempos postmultimedia. No me alcanzan palabras…

Vemos el martes. ¡Besos!

******

Sweeeetieee!!!

Te pido disculpas, es que salí a tomar un rato con los chicos y alguien halló entre las ruinas de su estudio -parece nido de trolls esa cosa, muchas esculturas por el suelo te digo- una de Fernet y junto con lo que habíamos tomado…

Francesca, Frannu, Fry, Frinnuela, FrancescaFrancescaFrancesca… acá tengo valentía en forma etílica, así que estoy escribiendo correos. , inclusive ese que me dijiste que no enviara cuando estábamos en Cleveland filmando los nuevos búhos radioactivos de nieve: el director de ciencias de MIT ya sabe dónde se puede meter su racismo, doblado o no. ¡Nadie acosa a mi pelirroja favorita!
Jamás podré dejar de estudiar. Jamás podré dejar de pensar en El Muertito y La Boticaria Santera (mejores nicks no hemos podido dejar) como los que me llevaron a hacer lo que quería, cuando quería, como necesitaba. Por eso te conocí. Por eso estoy acá: me gustas. ¿Ok? Miranda tenía razón. Ups.

Todos los colores que combinas, con la gracias con las que los combinas, AMO todo eso de tí. No puedo esperar a que cantemos en un escenario. No puedo esperar a terminar mi tratamiento para que nos veamos todos los días, para que me digas cuánto me extrañaste, para que estemos tranquilos dentro de la casa antigua contándonos el futuro en presente, a que me muestres tu cicatriz completamente y comprendas que yo tengo las mías también… quiero agitarte el color de pelo con las manos hasta que rebotes por toda la noche como esa mujer con la cual tocaba bajo… ¿la que por celos contigo me echó? Esa.

 

Toda mi vida soñé con que alguien me salvaría la vida y mirá por donde, lo hiciste tú. Cuando dejé de ser un llorón debilitado por la ira, viniste tú. Si te vas voy a seguir siéndolo, pero ¿no será más divertido compartir taller y tener casas propias, como soñamos en Barcelona? ¿Te gustaría?
Tú nunca vas a ser una llena pasaportes, una resentida con la vida que solo por Twitter puede sostenerse con lo que no puede vivir con ella misma. Y te adoro. Haz lo que quieras conmigo después de leer esto, pero tienes que saberlo: te estoy escribiendo esto desde el corazón Y el computador de Marco (que no ha dejado de poner canciones demasiado SFParade incluso para MÍ gusto y está aletrolansoiaksjhdkjadhfoadpksdjoas Felipe es un maricón y es míoioipojdkbjfljdodiyaasdc)…
perdón, me quito el teclado. ¬¬*
Como decía, estoy donde Marco y si quieres venir y darme posada en tu sofá o donde sea, hazlo -CurlyBoyfriend está acá-. Te adoro y gracias por llenarme las noches de música: ya no soy un viejo lobo desde que cambié y me escuché. Y te encontré a tí.
My lovely brain is yours. And my brave heart is mine. Wanna trade?

Love, F.

P.s.: Marcos manda decir que necesita el corset. Aparentemente a su novio portugués le gustó como te viste y le dió ideas. ¿Mi aporte? Quémalo después, ¡no quieres saber lo que pase con eso puesto XD!

*****

Querida Francesca:

¿Cómo estás? Hace mucho que no me envías nada. ¿Debo pensar que FBK es nuestro mejor amigo gay, que nos ayuda como intermediario…? :/
Los doctores dicen que tu enfermedad se puede curar, pero la condición es que no puede tocarte nunca más un solo rayo de sol en el trópico… ¿saben ellos sobre tu hija perdida? ¿Les dijiste? No quiero ofender, pero te conozco y eres demasiado orgullosa como para decirles eso.
F, necesito que te recuperes pronto. El equipo de grabación te está esperando, te está esperando y nos está costando cada día un poco más de dinero que no vengas. Hay un límite establecido para el 15 de Abril y si no vienes no sé qué va a pasar, no sé cómo vamos a hacer para poder sobrevivir el tiempo de grabación sin los giros y como tú eres el contacto con la Embajada es importante que al menos respondas mis correos.
Si me das un poder -no, no va a pasar como con mi hermano, te lo prometo-, puedo ir lo más pronto posible a terminar el tema en su totalidad y darles a los chicos lo que necesitan para finalizar los retoques: haremos todo dentro del apartamento en Bogotá.

Tenías razón: de todo este país dormido emocionalmente, solo resisto Bogotá como ente citadino. Paisajear sí, pero…

Lo siento por el párrafo del medio :C … te extraño, no comprendo qué hacer con esto y me pongo nervioso.

Por favor, pídeles que te den de alta pronto y dime qué hago para tu transferencia. O dime que condiciones necesitas y te ayudo en tu regreso directo a Nápoles. Estoy seguro que tu padre quiere verme también, han sido un par de meses largos.
Y no hay dolor que no cure un buen vino. Piénsalo.

F.

*****

Querida Francesca: encontré este trozo de carta. Está fechada en el 2008, en Octubre.
Te la dejo acá de nuevo. Dime, ¿es profética?

“Tú eres lo que no consideras sobrenatural para los demás.

Tienes las manos bellas, los zapatos arrojados después de un día de lluvia encima del cable de un barrio de clase media vuelto final feliz de The Walking Dead donde todos están protegidos y aprendieron a amarse.
Un dejo de cigarrillo en la boca pero también un olor tierno a piel sin depurar convencida de su invencibilidad. La piel tatuada con el alma y esos colores se ponen bellos cuando los rozas con un dedo anular con comodidad y remeras blancas sobre los dos. Y te estoy escribiendo desde esta prisión andina para que sepas que todo el tiempo que ha pasado entre los dos no ha hecho nada diferente que extender mi aprecio por tu tiempo y amor.

Gracias por sacarme esa noche a caminar. Por incitarme. Por estimularme. Por despertarme. Por darme besos de una forma tan natural después después de días de parques y ojos recriminantes. Por traerme a la vida. Por tu delicadeza insensata. Por iniciar mi mente en misterios antiguos del teclado electrónico y los diez bajos del cielo azul.

Escribir cartas es algo de personas antiguas, pero adivina qué, son la mejor forma de plantearlo todo. Te adoro pequeña, aún cuando tú ya sacaste tu diablo de la botella y brillas con la fuerza de un fractal de cometas.
Y así.
Barú, aquí.
Hace algo de viento seco hoy, la playa me sienta bien.
Es solo un día más en nuestra ciudad de megaedificios vueltos jardines y ciervos supongo. ¿Cómo está la companía intinterante de MetaVibracionales v. Nápoles? ¿Mrs. Habrock ya dió el visto bueno para la presentación nueva? txt me asap.
O tal vez me lo puedas contar mirándome a los ojos: llego a LaGuardia en 15mnts en transbordo. 🙂

Luv, Felipe.

Parietales de mármol

Tiempo.
Dale Tiempo a que se de cuenta de su error.
Tiempo para que ella sostenga las promesas que hizo cuando tejía cosas.
Tiempo para organizar y reorganizar la vida y el tiempo y el espacio.
Y más allá del Tiempo estoy acá, sentando, esperándote a que llegues a la misma orilla mía.
Y dentro de las teclas y los bits y la pantalla fría reflejando el ahogo, la falta de aire, se muere el Tiempo por no poder entrañar a nadie.
Tiempo.
Y he leído tanto las notas que se han vuelto rojas, verdes y dolientes las palabras que arrojo en los intervalos.
Con una mano quemada estiro los dedos, esperando la caída de la lluvia que devuelva la humedad al suelo; por cada mineral al interior del cuerpo hay una palabra, un gesto y una temperatura y color que le cristalizó.
He botado línea desde línea tras de línea viendo al mundo como objetivo, no como placenta, no como cercanía.
Tiempo.
Como si fuera una vieja narrativa siento que se desenrolla dentro de mí una fracción y otra de celuloide impreso, a pesar del clima, a pesar de la reducción de mentes. Ninguna boca es visible sino la que ha enunciado dos o tres vibraciones, ningún recado es más bello que el que imaginamos nos dicta la persona con la que compartimos ese breve metro cuadrado de risa, ese tirón de infancia que, por un momento, nos hace libre en este mundo de depredadores.
Luz, amor, desespero y guerra… gritos de batalla y drama cuando no es necesario, cuando lo que se pide es el amor incesante para poder avanzar y regresar. Sentir que no dirige la memoria Scorsese, pero casi. Y coquetear con tu idea al borde del filo de una botella y muchas sustancias.
Tiempo.
La vez que una madre te trajo una torta y la humillaste al frente de todo el mundo.
Empujar a un adolescente con su pie enyesado por creerte el rey del universo.
La egolatría de detalles, la economía de humildad, la obcecación por las palabras.
Un mundo que abandonaste cuando no te diste cuenta que eras demasiado débil para controlarlo.
El horrible peso de la soledad instaurada que atravesó el minutero y los segundos.
Tiempo.
Deformarse hasta imitarte.
Comprender con error que dentro de tu piel tienes la piel de una serpiente atravesada.
El convertirse con asco en una boa a pesar de sí mismo, devorando y ahogando todo.
La eterna confrontación con el paso del sol sobre la tierra. Y la devastación de no poder besar de nuevo al león, ¡pero recordarlo con la nitidez del espejo!
Con inmenso asco comprender que el paso del tiempo puede segar, de un solo golpe, la racionalidad y la objetividad de una persona dentro del grano fílmico por el grano fílmico hacia la universalidad de su relato expuesto con el alma que ha pixelizado -y que es obvio esto último para todo el mundo, excepto para él- como único presupuesto amoroso hacia un mundo que no le es real.

La dilatación de la muerte, la vida y la libertad a través del Tiempo.
La ralentización del amor desde una botella de alcohol, la explosión mediocre de la pasión por una captura perdida de tiempo.
Tiempo intentando perdonar a los que no valen la pena… tiempo usado sabiamente destruyendo una falsa moral.
Tiempo de sincerarse con uno mismo y comprender que esa persona no tiene el mismo interés en tí que tú en ella.
¿Tiempo en el cual habito? Fácil. El tiempo en el cual las personas reconocen qué ocurre cuando  le dan la espalda a los dioses que todos llevan eregidos entre pecho y espalda.
Tiempo perdido. Tiempo ganado. Tiempo de reconocerse menos frágil y más divino.
La inmensa falta de objetividad de las madres colombianas que quieren tener a sus hijos al pie de la cama, como hacían en su tiempo de crianza matrimonial.
La detestable locura de los hijos, que hacen caso a esa enseñanza.
Es de locos en este momento pensar que tiempo es lo que nos sobra o nos cobija.

No hay tiempo más desagradable que el que vivo, el que habito, el que paladeo posterior a darle honra al que merece fosa común y yerro.
Tiempo de aferrarse cada día con uñas y dientes a lo que se hace y buscar no desfallecer.
Tiempo elaborando, con filigrana, 18 años para abrir la llave y que emerga el demonio sumergido por tu actuar constante de demolición.
Tiempo en el cual las personas quieren inútilmente que haya una revolución, pero no se quieren ensuciar sus manitas creativas y ejecutivas cambiando ellos mismos, cueste lo que cueste, por encima de quien sea… porque esa debilidad fue nuestra única herencia.
Tiempo de beber alcohol, de irse de putas, de hundirse en la drogadicción, porque este sistema, ¡por fin!, vamos comprendiendo que se alimenta de guerras… y acá viene la Tercera. ¿Tiempo de no imitarte, de no leer más periódicos y ser libre mientras algo de sangre y los 5 años me queden cerca?
Tiempo de preguntarse algunos días si puedo sanar los tajos en el corazón para sonreír a profundidad, o si esto será marca de agua permanente mientras viva… si la gente viera todo el tiempo tu no-sonrisa, labios finos apretados y rictus de cátedra olvidada, ¿tanto alabaría?
Tiempo en el cual lloré solo
de pie mientras un cuarteto de sonidos
entre los linos y las personas -que me trataban como cucaracha por no tener dinero mas no lo decían-
eran calentadas y parecidas a humanos mientras este contrato inerme
de aparentar cuidar y no hacerlo, de ser jardinero fiel como Ralph Fiennes… pero de materas de plástico,
se desenvolvía como una sábana de petróleos
y gritaba mi alma con todo volumen, “¡que alguien me sostenga las flores,
y las memorias con olor a madera y lana,
y las promesas de irme un día de la casa,
y el futuro que entonces se vía promisorio, estable y bello,
que estoy condenado a un valle de ciegos!
¡Maldita sangre sefardita, con tu eterno ansío de retorno,
abandóname y quémate también en esta pira, para poder ver algún día
Málaga y Coruña y Lisboa
y no volver a salir de ellos!”

Y todo ese tiempo ahí de pie, me dí cuenta de mi enorme soledad en este mundo.
Tiempo hacía en el que había pedido compañía a las personas y ya he renunciado a la seguidilla de ello.
Tiempo para encerrarse a elaborar que no pude evitar reproducir el ciclo, pero no por mi voluntad, sino por programación, y reafirmar mi compromiso a destruirlo en lo que me sea posible.
Pues el tiempo de la creación de esa disociación enorme,
raja enorme de tu dictadura,
ha empezado a fluir en reverso.
Y para tí, y para mí, y para nadie será nunca más, un secreto la tortura elíptica y crítica.

Solo, pues, abrí y cerré los cajones y quemé las fotos y me pregunté qué era eso de escribir sin apuntarle un dedo al universo sin reconocerse tan inmensamente pequeño. Ello ahora despliega en fractal de papel y carne mal cocida algunas zonas de mi tiempo.

Tiempo que habito ahora que es un préstamo para la muerte, tiempo con resurrecciones calladas con pocos gramos de serotonina,
mientras se vacía la casa,
mientras se pierde la alacena y al amor al cigarrillo,
mientras algunos buscan un símbolo de paz con otra bandera puesta menos la piel mestiza,
mientras me acerco, antorcha en mano, a prenderle fuego a toda la herencia de mi familia
para evitar ser yo el carcomido.

Vencí. Llegué al final de tú tiempo.