Abrir el portón

Estiro los deditos y voy cerrando la puerta con tranquilidad y con la completa confianza del acto implacable.

Es decir… han pasado treinta años para que el mundo se ponga al día con algo que ya ha conocido con claridad de la condición humana. La pregunta ahora será cuánto tiempo más ha de pasar para que se adueñe de sí mismo, sin dolores, sin mal olor, sin hacer una caza de lo cool por lo cool.
Veremos si se agota lo angosto, o si este termina conmigo primero, contigo, con otros.

Y abro la ventana de mi computadora, y leo lo que intuitivamente todos hemos sabido; comprendo que no se trata de rojo o azul, de blanco o verde, sino de temas humanos, de tener un viraje empuñando Lo Abstracto. Que lo que los últimos filósofos escriben sella el círculo de lo que hablaba Alan Watts, lo que propulsó Florina Donner y Víctor Sánchez, lo que se promulgó en los Acuerdos de Río. Qué paradoja más grande es que un koreano viviendo en Alemania les diga a todos los de habla occidental que la persecusión del éxito capitalista solo da zozobra porque la estantería misma necesita venderse para pagarse el arriendo de la tienda… y que con poca distancia, un francés extraído de la entraña misma del barrio-obrerismo y pensamiento working class hero del socialismo más intelectual y gris del mundo exponga en un libro que podría reemplazar a la biblia católica (700 páginas caballero, eso ni El Hobbit de Tolkien) cómo es que la brecha del parto del nuevo mundo la quieren taponar con cemento y acero los ricos haciendo desaparecer para siempre a la estabilidad. Oceanía siempre ha estado en guerra con Eurasia cesa de ser utopía fascinante postpunk para ser presente certero. Y nosotros necesitando una buena partera…

Alcanzo a tejer la trama de actos para asimilar cómo he estado detrás de una pantalla porque mi voz cooptada por cada impulso publicitario también ha buscado ser amansada/postergó la posibilidad de cambio: la madurez emocional que no habíamos querido asumir acá como especie me afecta, palpita, deja claramente expresar que todos somos iguales si regresamos al orden de blancos a un lado y negros al otro del comedor. Piensen en la tranquilidad de los abuelos…
Comprendiendo las raíces que hacen que en lugar de atraer gemas, asimilo que hoy al salir a la calle esté cargando con una Libra que viaja entre el reciclaje y la vida bioarmónica o el consumismo puro y zumo de hormonas, mas no con una propia elección o una sensualidad de Antares. Convivo con una ilusión prestada de qué era la vida cuando no existía internet. ¿Estábamos -paradójicamente- más cercanos del pragmatismo integral entonces?
Depurándolo.
Estoy limpiando mi reflejo.

¿Estoy viendo el nacimiento de la generación más práctica de la humanidad?
Pienso que tal vez la mejor forma de describirnos es como la generación con Conciencia de su Propia Culpa; es como si admiráramos ese desecho orgánico en lugar de ponerlo en el tacho de basura. Y tal vez por eso es que los que nos siguen en edad pocos años después crecen como verdaderos sociópatas. Les comprendo el impulso, lo hallo en mi interior también, yo tampoco quisiera afirmarme como alguien “serio” si va a terminarse en cualquier momento el suelo, viviría estresado y hedonista y al pedo para poder destruir todo lo que me genere una base. Esta es una atmósfera que idolatra el enorme fracaso de no haber sido la bisagra que el mundo necesitaba para poder transformarlo de un impulso salvaje capitalista a una realización comunitaria. Que ve en el espejo el paso del tiempo de la culpa de los padres por no haber hecho efectivo el cambio a un mundo mejor como el precio a pagar por una renta/hipoteca/hijos/carro… y poco se ve a sí misma.
Nuestra “madurez” consiste en envidia que surge así: mientras algunos trabaron su diálogo interno con azúcar ahora casi todos lo hacen con helados de LSD o cannábicos. Se percibe cuando algunos hablan de moral o ética sobre “esta juventud” una vocecita de desespero por la elección consciente de muchxs de devorar vallas y pajas mentales. ¿Qué se digiere, realmente? Admirar lo linda de la puerta en lugar de ver a dónde da es un poco idiota.
Una generación preinternet que sabe que todos los ídolos tienen pies de barro, pero que no tiene los cojones sino de amar lo que le haga sentir bien y dejar al mundo que se pudra. Iniciamos la secuencia de autodestrucción, no se necesita ser lanzaverdades para ver que lo estamos aceptando.

Es un trabajo en solitario que impacta a nivel profundo en el medio el crecimiento de conciencia. ¿Qué nos va quedando después de ese trabajo? ¿Cómo medimos esa ganancia?
Pero lo desesperante, ¡es que tienen razón! Cada uno de los boddhis tiene razón.
La puerta se abre cuando se siente el llamado, cuántos pueden sentir el llamado hoy en día, ¿cuántas personas están percibiendo que existe la posibilidad de ser llamados, contactados… inclusive, amados? ¿Por estar vivos?
Un colectivo de Respuesta de Defensa Artística AntiZombie será en poco iniciado, ya no como imagen de Hollywood o novela Televisa sino como corporeidad de búsquedas de simetría en una respuesta que es obviedad.
Lo veo como un movimiento, una onda expansiva tan alta como una montaña y tan serena como ella.

Hay ruido de fondo adueñándose de mis oquedades. Y como tal se manifiesta incesantemente el mundo.
Es entonces cuando afirmas que de existir un Dios, tu lejanía con el mismo no ha cesado, porque no has podido quebrar la frase el mundo es dolor.
Es como si la realeza no existiera. Como si en realidad, te la hubieras inventado como concepto y como desarrollo de trascendencia solamente para poder hacer llevadera la enorme carga pesada sobre este mundo. Acomplejado, buscas una respuesta que te ayude a sobrellevar la historia enorme de culpa y abuso que reposa directamente sobre tus hombros, pero el frío y el silencio están ahí para dejarte ciegos… para no dejarte salir de tu recuadro. Se desdibuja la cartografía emocional. ¿Y tu atención? ¿Estás acá atento al ahora? ¿Piensas que los colores que hallas y lees son solo colores, o viste si son enlaces a mundos ocultos al frente tuyo?
Mientras tanto en este exilio involuntario empiezas a dudar sobre si lo que has hecho ha traído amor y ganancia o solo constante pérdida.
Otras voluntades de forma ilusoria intentaron cambiar lo existente… ¿qué han ganado? ¿Cuál ha sido su recompensa? Indican todas las disciplinas que es necesaria la humildad para sostener estas verdades con serenidad, pero jamás indican lo terrible que es el sentirse paria en tierra ajena.
Y sin embargo esto no se pone bonito: se degrada. Nos hemos dejado degradar. Sordos, ciegos, mudos, asustados, nos hemos dejado deformar de una manera espectacular por las promesas de los ochentas en el siglo XX. Algunas personas si hicieron lo que debían hacer y simplemente trabajaron dentro del marco del mundo y materialmente tienen su recompensa.
Y sin embargo…
Se supone, que esta generación ya habría salvado al mundo. Que ya lo tendríamos curado, limpio, potenciado entre nuestras manos. Y me da ansiedad tanta información que encaja ahora como normalidad, me hace sentir desnudo y al mismo tiempo, sin propio cuerpo.
Cada día que pasa, encuentro ejemplos sencillos. Las personas que planearon una gran vida y la perdieron, las personas que están creciendo y se están desvaneciendo, las reflexiones sobre el capitalismo y la eugenesia, el cáncer como forma de vida, cosas así.

El trabajo enorme está siendo realizado sobre lo fértil, lo que se ha echado a perder son las semillas.

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