Todas las distancias bajo la noche son mariposas

Hay un deseo de vacíos, de silencios, de impactos profundos que abracen miles de amortiguaciones. Nos recorre también a los hombres con sus opacidades y aperturas insinuantes, sin que sepamos bien a qué Dios agradecérselo y a qué memoria perdurárselo.
Y así nos pasamos jugando mientras el magnetismo se despliega entre viejos muslos y nuevos abrazos. Estos últimos que no curan el tiempo… sino esos baños de mineral que limpian la traza por donde nos hemos dejado manosear del segundero.
Acá y allá.
Allá. Y acá.
Mientras en el borde de un vaso se abre la respuesta común a las voces que llevamos en las entrañas.
O secciones transversales arrojan desde tu cara una luz extraña, tus pómulos devoran y me devoran el oxígeno y todo lo combustible en el cuarto. Te estoy dejando esto mientras se seca la pintura sobre la alacena. Cuando haya terminado tendré que dejarte.
Levantaste suave silencio en la mañana y pensaste que era una carta al padre mi relato.
Una masa llena de esferas de luz cruzada. Cruce por contención. Si supieras…
Tener tu pulso entre mis manos, con dos dedos firmes, mientras se desdobla mi axioma y me deslizo en mí mismo al esperarte. Con paso firme te enseñoreas sobre las delicadezas que unos dedos pueden o no realizar. Joyas verdes y acanaladas, destellos blancos fríos sobre piel morena y amplia. La que te busca te completa, el que te busca se obsesiona. Deslizo mi mano entre las telas. Una, dos y tres veces.

Contigo tengo el sabor completo de la fama dentro de la estrechez amable… me contienes, me levantas, eres semilla y alimento marítimo acostado. Tienes la alegría curva, progresiva, algebraica, destellante, agresiva, patronal, descargada, inmigrante. Me hueles a sal, a salvia, a vino curado con romero y a una carne asada sobre un lecho de morrones frescos bañados en vermouth. Me sabes a canela, a chocolate y a madera.
Siento como los labios se me hinchan y yo soy tú y tú eres yo… tengo en la punta del alma deliciosos bytes que me dan cada curva y cada pliegue tuyo. Cuando te toqué ayer estaba como un ojo cerrado, estaba tenso: persigo la belleza porque siento que me elude, así que no es natural para mí volver al ruedo cuando hace minutos estaba protegido de otras memorias dentro de mi feliz cubículo con cama. Soy mi propio pensieve –palabra hermosa-, soy anillos de feromonas y drogas dentro de mi propio cuerpo. Estoy con las manos blancas y limpias a la vez de memorias.
¿Hay un proceso más bello y sencillo que mirarte y decírtelo?
Tú me haces navegar el dragón.

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