Preguntas desde el lecho

Hace unos días, unas horas, una persona de sesenta años me preguntaba por qué los jóvenes de ahora no aprovechaban sus oportunidades para ser felices, para ser lo máximo, para estar completos.
Le dí un par de razones, pero eran basura.

¿Una respuesta sincera?
Sabemos quién se robó todo, y sabemos que no les ha pasado nada significativo. A menos de que seas un chupamedias de derecha (en cualquier país), tú sabes que lo que pasó estuvo mal: robaron el dinero de nuestros abuelos para pensionarse y el de nuestros padres para jubilarse y nos clavaron precios más caros que inventaron porque ajá, para cagarnos el presente.
Sabemos quién destruyó el planeta, pero no tenemos otra opción que adorarlo. ¿Qué otro país puede decir que en el siglo XXI no se hizo responsable por la destrucción casi total de la biosfera, de la ecología, de los límites entre consumidor e individuo? Solo a USA le queda esa corona… y sin embargo, ¿cómo hacemos? ¿Negamos que casi el 90% de la mejor música pasa por allá? ¿Negamos que tenemos un mundo en internet cuyas sedes están físicamente en USA y por lo tanto tienen su curaduría informativa? ¿Negamos que son dueños de los putos misiles, los adolescentes de más de 185cms, la economía?
Sabemos que hay un cambio, pero sabemos que ustedes son peso muerto. ¿Quién le diría en la cara que los adultos de modelos anteriores son responsables por su cobardía de que arranquemos la carrera sin dinero, sin interés, sin facilidades? Salaron y quemaron la tierra y nos jodieron. Es así. O uno vende completamente su alma o no funciona en este sistema. Y si tienes problema con eso, jala, a que te rompan la cabeza en fila.
Sabemos que pregonan mentiras que jamás podrían sostener como realidad. Porque tenemos internet (¡y cómo se esfuerzan en jodernos!) Porque existen bisexuales, negros, pervertidos y sanos y ya no pueden meternos al mismo cajón diciéndonos que “en ningún lado del mundo se ha visto que pidan esos derechos”. Y así.
Sabemos que no nos quieren distribuir el dinero. Es pura mierda que el mundo sea de todos ganadores. Hay perdedores. Somos la clase media. Levantarnos en alma nos va a dar mínimo un bloqueo bancario o una violación en una comisaría por 3 oficiales analfabetas, acá y en Europa. Entonces, no gracias, ahórrense sus consejos: cuando el dinero fluya bien de nuevo, hablamos de quienes son o no unos vagos.
Sabemos que tener hijos es una pérdida de tiempo: los tenemos por accesorios. Lo siento si alguien no puede con esta verdad, pero más de la mitad de la clase media es resultado de una eyaculación que no fue voluntaria para engendrar. ¿Cómo pretenden, entonces, a esa gran población, decirnos que todo estará bien? Son falacias. Y no van a crecer en un mundo mejor: van a ser pagaimpuestos, como sus padres. ¡Relindo! ¡Refeudal, no?
Sentimos que no nos aprecian. Sí, somos generaciones con oportunidades. Pero, ¿qué tanto nos acepta, nos abraza este medio a los que estamos rotos? La respuesta es cero. Se necesita un valor enorme y no pensar sino actuar casi maquínicamente para poder sobrevivir. Miles de personas hijas de padres abusadores, madres castradoras, tíos narcotraficantes, primos militares… la lista es demasiado larga. ¿Vamos a pretender que ese “se lo que quieras ser” es cierto?
Sabemos que todo se reducirá a la lucha del más fuerte. Y no ganaremos: perderemos. O nos convertiremos en el Governor de The Walking Dead. No se ven muchas opciones… Rusia y EEUU y China van a hacer temblar al mundo y a América Latina se le ve como el pasaporte al sexo de alta calidad y bajo costo cultural, así como el granero del mundo forzado.

Y finalmente:
Sabemos que es su culpa. Sí, ustedes. Ustedes que se rindieron cuando tenían la oportunidad de romper el ciclo antes de que la tecnología nos dejara a todos en un estado de hipervigilancia (ASSANGE, Julian: Cypherpunk), semiperpetuo y semiamable. Ustedes nos dejaron a los más débiles a la deriva en lugar de dispararnos y eliminarnos como ahora hace la sociedad en pleno. Ustedes nos robaron tiempo y espacio intentando amoldarnos a sus deseos.

Entonces, moriremos. Pero el humo en el que estallaremos es nuestra esperanza. Y con, eso suficiente.

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