Batallas en 8-Bits

No sé por dónde empezar.

Intentaré describirlo en lo más mecánico.
Golpeas teclas. Muchas teclas.
Tomas el riesgo de que lo que lances sea perdido. Trabajas cortando en pedazos seres en movimiento para poder asegurarte más oro, más cajas, más y más y más cosas: te reduces a una máquina de matar. Las vísceras son muy reales, el frío es muy real, la noche y la angustia de un terror nocturno es demasiado real.
Tensas el arco, una y otra vez, o afilas el hacha, o afilas el cuchillo, o vistes armadura de cuero, o…

Estás parado sobre el borde de miles de piezas cuadradas de plástico. De repente un grito eléctrico: ¡ya hemos despertado!
Pero no es cierto.

Te quedas encerrado matando zombies, porque en la vida real no puedes matar a los que están afuera. Pero si pudieras… oh, si tan solo pudieras.
Rick tenía razón: we are the Walking Dead.
Nadie vió lo que estaba detrás de esa caricatura y serie. Y la horda está asustada.

***

Hay algo que se disfruta de los juegos de estrategia. En un mundo cada día más fuera de control, en el cual el pánico paraliza y engendra indiferencia, ¿qué color nos queda, qué color elegimos?
Yo estoy cansado del peso de la corona sobre el cuello, estoy cansado de querer unírmele a un mundo lleno de gente bondadosa que no existe sino en mi cabeza; estoy aburrido de ver cómo borran los átomos a destajo los que van caminando, en sus lindas pieles, en sus lindos ojos, con sus bellas voces; le estoy pidiendo al Cielo una claridad para este Reino, le estoy pidiendo con humildad de grito descarnado, ‘permíteme consolar el alma de gaviota de mi bisabuelo judío’, ‘permíteme deshilachar las palabras de poder de mi astrónomo pasado’, ‘¿podrías, por favor, dejarme más liviano, para bailar con tambores acompañándome, sin estar resistido y jugando a ser malo?’.

Pero cuando estoy dentro de ellos tengo el control, tengo el poder, puedo asumir que la vida, efectivamente, le da el pan al que tiene dientes, siento una motivación que en este mundo real no existe. En esas estrategias, puedo desarrollar el respeto y fuerza que está negado hoy para mis Dioses.

****

Fue algo sencillo.
Y el hombre dijo “reprodúzcase lo Gris”. Y lo Gris tomó los árboles, las medidas del cielo, las cortinas del amanecer recostado sobre las piedras, la curvatura de los huesos marcados de una mujer delgada con voz profunda, el abrazo de un niño al recuerdo del brillo sobre una flor, y todo lo volvió mercancía, negocio, mafia.

Y Él comprendió que el día en que Ella se vaya se va a tomar una larga taza de agua caliente y limón… se servirá el último bowl de cereal con quinua… y deberá irse a Casa.

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