Culinarias

Me gusta mi memoria cuando es un depósito de cualquieras
y de prontos
pero no cuando me trae desaciertos

Me gusta el sabor en la punta de la lengua de los abrazos que se amarran con los platos

Me gusta el sabor en la punta de la lengua del beat de la música con la cual se abraza por la cintura a alguien que se quiere

Me gusta el ritmo de los cigarillos pegando contra el cenicero mientras ponemos la mesa (pero odio que fumes)

Cuando tú me tomas la mano recuerdo sin desenfado a otras pieles y otras comisuras en los labios, la cocina nos trae de vuelta a lo animal y nos corta la paja de la cabeza,
le prende fuego al granero interno, así que, por ello recreamos relaciones cuando estamos en ella

Es una isla pequeña que permite surfear un mundo desigual o igual al anterior, donde en apariencia todo es igual, pero nada se proyecta como tal

El mejor sitio de cátedras comunitarias se encuentra en ese espacio de risa desenfadada de distintas personas cuando tienen que vivir como adultos juntos de nuevo porque, vamos, rent is too damn high, y así nadie aguanta
el brinco
a cocinar sólo

El sonido de otros vasos aplaca varias cosas
como el cocinar para una sola persona
como el ver el futuro y saber que se está solo
como el comprender que sí o sí
cuando la fuerza del corazón se desgasta,
como cascada el resto de colores empiezan a abandonar el barco

****

Los objetos favoritos en mi cocina son las cajas de los fósforos propios y ajenos

No hay 2 iguales, porque cada uno contiene esa mezcla de olor personal y de alimentos y los alimentos desdoblan las ideas y nos dejan ver el contenido, las deshojan frente a nosotros
La forma de los dedos, la presión, la intensidad de lo que hayamos sentido antes de dormir o apenas nos levantamos las deforman o transforman y así, todo empieza a moverse

El otro objeto favorito lo diría, pero sonaría raro -y raro no es mi estilo-

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Comer y nutrirse y abrazarse vienen en el mismo paquete
Recuerdo una vez cuando era pequeño que cuando tenía tantos nervios mi estómago se cerraba y contenía los secretos de lo que sentía mientras iba comiendo
Ahora estoy mirando si tengo adentro de las células de mi estómago las peleas y las conversaciones densas, quién sabe, tal vez cuando termine de sacármelas podré ir y elegir con quién sentarme a la mesa
porque a quien miro cuando estoy al frente es cano y seco, es mi propio enemigo

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Lo más armónico y ruidoso en una casa queda ubicado en una posición vertical, que es cocinando,
y en posiciones horizontales que implican murmullos
Lo más armónico y ruidoso en una casa se pierde, se muta, se convierte en palabra calor estirar tendondes humedad minerales picantes olvidos extrañezas imitaciones desfalcos+al+paladar retornos planeaciones actitud vestido suministros
y
partidas

Así que no cocinamos con las manos, sino con el ritmo en la sangre y las palabras con las que, así no demos cuenta, bendecimos el chocolate

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Quiero dibujar el color que va bajando hasta las piernas de los pequeños rituales de comida
cuando nos levantamos; café o té o margarita o maka o zumos o gaseosa
Quiero dibujarlos con las palabras que más repiten
A ver si así mapeo el cómo tomamos las decisiones desde la mañana y cómo esa música que nos ponemos como límite nos ancla la percepción
hasta formar estructura, tronco y rama

Diría acá un “nosotros” pero cuando la comida te separa porque es un eje secreto
de penas que no compartes con otros
uno se pregunta si realmente hay animales parecidos
que por su nutrición hayan tenido
esta piel y este lomo
en proceso

****

Un descubrimiento viviendo en soledad, pero que emerge cuando vives con otros, es que la comida contiene la energía fantasmal de lo que no puedes volver energía nuclear
y así
estamos todo el tiempo digiriendo bestias mitológicas fantásticas en los sueños
mientras esperamos que se abran los nuevos ciclos del tiempo
pero como lo callamos, es mejor decir que sólo estamos preparando para tener fuerzas
y trabajar
o estudiar
o follar
pero el puño en el estómago nos conserva cada relato de lo que fuimos y seremos
y ese puño está tenso y con los nudillos blancos en cada bocado que comemos

****

Abrirse a la cocina de cuando hubo más dinero y ahora menos
abrirse a la cocina del dinero que queremos y no sabemos si tendremos
y abrirse a no jugar a la casita hasta haber superado la cocina de cuando crecíamos y ser enteros
son tres momentos diferentes diarios, son nuestros tres dioses polifacéticos
que no mutan a pesar de la pérdida o la angustia de no estar con ellos
sino estar así por culpa de ellos
como adoradores de ese plasma rojo y azul
que llevamos adentro
y que en chispa arranca

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