[Interludio — Las etapas de lo que viene]

1
Rompiéndose la secuencia, el primer plano muestra las ruinas caídas de la ciudad; los jardines ahora están llenos de pequeños vegetales y de estructuras con remates de cuarzo y esmeraldas rotas. Por la mañana se cargan de energía calórica y eléctrica con magnetos, por la noche sostienen la corriente eléctrica de toda una casa y al mismo tiempo electrifican las rejas.
Aunque no lo crean, no muchos sobrevivieron El Giro.

2
Las personas se acercan con sus ojos claros, las pieles cobrizas bañadas en el adiós que dejan los autos al irse; los autos que nos dejan a los que tenemos de a tres o cino tipos de esquizofrenia, los autos de los iluminados que no cargan el mundo pero después de sólo 6 años creen que han entendido cómo destruir su propia inercia; los autos, en fin, de los hijos de los que ya están con la piel más delgada y pastillas antipresión-antidepresión-anticomprensión.

Las personas tienen 4 sets de ojos, pero pocos lo saben; los niños y los perros lo ven con claridad, algunas personas tienen abiertos los de carne, pero los otros, los que se parpadean entre transpiración e imaginación, a veces tienen el negro quieto e incólume del sueño siguiente… el de la caída en el abandono.

Cuidao.

3
La primera semana que esto pasó, se negó el desarrollo. Las redes sociales hirvieron con los datos de diferencias espaciales entre diferencias climáticas, cómo dentro de los mismos cuartos las facturas se doblaban cuando manos de cuerpos invisibles se materializaban y las volvían avioncillos, lanzándolas con carcajadas dulces pero estruendosas a través de la ventana hacia la salida.
La segunda semana fue mucho más silente. Después de haberse chocado el 25% de la población automovilística y haberse depurado sus cuerpos, no habían muchas ganas en las redes sociales de intentar un tedio forzado…

se buscaba una conexión, una concreción leve.

4
El problema empezó cuando los signos se desvanecieron dentro de la memoria; súbitamente ya una copa de martini no era solamente la copa sino un recuerdo en 3D de un beso y una ropa rota en medio de las hormonas que se superponían a la conversación de tu suegra empresaria; las manos de una persona limpiándote un mango y su carcajada de risa te daban el aura de huesos que caminaban detrás de él, esqueletos que con silencio y amor caminaban a su lado esperando que, naturalmente, pudiera prenderles un poco de su fuego en buenas acciones para poder dar el paso de volverse en sí paisajes en el Otro Mundo; las voces de las que consideramos putas en un disco en un dubmash alejaban la mañana alejaban la mañana alejaban la mañana la mañana no llegaba pero sí llegaba la pérdida de respeto por esas parábolas dobladas como papel de un porro, un loop eterno del amor hormonal o el amor matrimonial que se esconde en los baños de los bares cercanos a universidades.

0
Cuando descendió por primera vez no pudimos dejar de mirarla; contenía los símbolos de todas las religiones que habíamos visto antes -dirían después los testigos al noticiero-, con un sonido tintineante a campanilla y memoria emergiendo de la cabeza (aparente) del vehículo volador.

Quién lo diría.
Los aliens nos habían estado hablando con esa necesidad de ponerle murales, sicotropía indígena y cristales a una ciudad entera, ese era su contacto.
Al ver esta nave llena de graffitis interestelares, comprendimos que no necesitamos terráqueos, sino semilleros con sentido del humor.

Porque los marcianos al igual que los ángeles eran puro troll.