La cacería y la flora en macetas (Tercera Parte)

 

Según la ley estamos acá para resolver nuestras diferencias como cercanos.
Según el cosmos, eres mi objeto de estudio para saber cómo es que se va cocinando una olla llena de municiones… teníamos una ventana y ahora no, teníamos brujería negra y vicio pero podía ser belleza,
teníamos posibilidades pero el árbol seco fue el ganador.

Usted y yo separados porque usted dice seamos sofisticados, seamos cool, pero trabajemos con lo social, pero caminas muy disminuida, muy pequeña y cortada, muy coartada, muy coacción y despedida ajena porque tu amante es la coca que alimenta Wall Street… pero acá andas diciéndonos que tengamos más onda.
Sueños de grandeza pero una mano atada a fingir compasión o así, así te vemos todos.
Varío el trato legal al trato personal, tú y yo somos diferentes… sólo uno de los dos es la mujer estilista en Los Juegos Del Hambre.

Usted y yo esperemos visitar la mañana siguiente siendo abogados. Usted y yo vertiendo distancias hacia lo que está clavándose mientras el vaho entre Lo Creativo y Lo Tajante interrumpe y ralentiza, ralentiza y armoniza, intentos de ser chirri y al final estar más perdida en tu propaganda de alta joda que estudiante de Comunicación Social.

Sí.
¿Sí qué?
Sí.
¿Todo en ladrillo, todo cemento con olor de lo que sobró después del robo?
Sí, sí…
El ángulo en el que trabajaron mis padres ya no es igual ya ni tiene oficinas ya no es esquina ya… todo ya, todo ya, todo ya ha terminado de enviarse, haz click. Ser maduro no existe dado que estamos siendo cuenta de cobro sobre cuenta de cobro pero allá tú con que no vives a crédito familiar, querida…

Me estoy guardando lo mejor de esa casa dentro, las mejores visiones del sitio son para mí.
La cafeína te cierra el amor pero te abre el minutero, figúrate. Mezcla de cerveza y cifrados de humo, recuesto mis decisiones y pasos contigo.

Así.

La ves… esa, la que tiene rejas blancas, que no tenía futuro limpio, esa podría haber sido nuestra casa.
Podríamos ser planetario en Chapinero, pero preferiste que fuera un vil cementerio de osos y elefantes: una tumba de infancias.

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La cacería y el trenzado. (Segunda Parte)

 

Detrás de los labios están los músculos orbiculares. Cada fibra del ayer está condensado detrás de la pena paternal: darse cuenta que nadie sobrevive el *fuck it* adolescente que se sostiene cuando ves esta vida pasar incesantemente de vuelta bancaria a cédula a SIM reemplazando tu paz a animal infectado a clínica estatal al cuerpo calloso encargado de la amistad, lobotomizado.

Si no tengo que hacer un ángulo así, una mirada allá y un doblez planchado, te lo juro que no tendrás la memoria de salvación fallida que intenté aplicar antes en lugar de amar.
Te sirve. ¿Te sirve? Dímelo sin memorizar…

Sinapsis pura. Entrañable. Armada invencible. Lo transmitido, sucio o indefinible. Posamable, posortografía, posinocencia.
Esas palabras lastiman, empañan, opacan las puntas de tus neuronas.
¿Sabes qué es lo triste de la palabra adulto?
Que se actúa como adulto cuando cada vez que conoces a alguien piensas en qué es lo que quiere para su barco. Eso… sí, es eso. En esos momentos, así seas de tres años, eres adulto, macho.

Pero anclamos y buses largos y ese olor que sólo suelta la playa abajo de la línea del Ecuador.
Hay algo sobre el filo de los ojos del que está cargando tinta y ciencia, delicadamente metiendo a su muerte hongos y tomates para que tu comas fraternalmente la memoria de esta tomando tu ropa de una silla desconocida después del desgaste.

Tenemos exceso de bosque y ausencia de limo… arbolitos que visten sus propias banderas declaradas de amputación.
Y al fondo, la búsqueda de reproducción posesiva con esas telas livianas.

Estamos poniendo sobre fuego el todo porque nada nos ha garantizado que el viaje cauterice lo pendiente…
Gritándole
y
gravitándole
a lo negro.
Somos los hijos de los que fueron hechos sin amor pero con demasiada, demasiada historia.

La cacería y la madera (Primera Parte)

 

 

Si ustedes sintieran la adrenalina que da la cacería, las presas más débiles que se doblan bajo el peso de la anilina y la falsa modestia del que compró zapatos caros,
podrían palpar lo que es querer irse del sitio pero saberse amarrado a él hasta que el yunque nos deba un par de horas de palpitar y de sueños.

Pero no.
No hoy.
Cada voz que sigo estás ahí, diciéndome lo poco que valgo, lo mucho que dejé atado, lo mucho que seguí esperando sentado en una mesa que un viernes fuera para mí lo que es para ustedes, oficinistas y paisajistas de la mercadería artística.

Tengo una memoria de los dos abrazados, y los dos nos sostenemos
-hoy en día está al alza el contacto y el rozar raíces, porque nos gritan que somos descastados por todas partes- y…

…y teníamos ese bamboleo raro al acomodarnos en la silla del parque que es como el saberse cargas eléctricas, y por osmosis nos entró el silencio para sobrevivir a esa fuente dorada permeando la ventana desde otro piso… durante treinta segundos había paz había amor había la inocencia en formato .wav o la ilusión de una vida libre del odio heredable. Pura hormona de lo digital hecho análogo.

Estoy mostrando lo vulnerable que soy mientras tú te das un giro por el universo y decides cómo lo lees… estoy pensando en historias de terror con gran escote pero mi presupuesto es bajo y corto, mi bajo el reposo y lo largo, tengo un rojo cualquiera atravesado en la respiración y un blanco de espera domesticado por tu memoria de lo que ha de ser.
No quiero pretender que sé lo que es correcto de lo que no lo es.

Quiero que mi última frase sea tan fuerte como la primera. ¿Podrías…?

Al cambio de acera

Tal vez otro sea capaz.
Yo me rehúso a no salir de estos paneles de memorias que da esta bruma de sabana fría y triste, de memorias de amor que abusaron hasta hacerles a su destino mella.
Yo… yo voy a prenderle fuego al sueño de aislamiento.
Voy a aprender a amar eso que está a luz… y diles a tus amigos sabelotodos que nunca fueron invencibles; diles, que yo nunca fui invisible.

Pido disculpas por no ser las manos grandes que querías te cubrieran. No ser ese reemplazo de afecto que querías te estallara adentro. Y ausentarme de tu deseo de venganza que sublimas tras treinta capas de rimel y dulzura de almuerzo dominguero.

Tu color es droga. Tu memoria es droga. Tu ausencia me vuelve yonki de preguntas… hasta que aparece otro patrón y otra memoria nueva.
Te estoy evocando mientras rompo de esas memorias tontas de liberación y empuño mi propio arco, propia flecha, propia meta.

Sé qué no es. No es un plan fijo. Ni horario gris. Falsa promesa de quedarse domesticada en casa, tampoco.
No es amor, es empezar en una barba y un no-tatuaje y absorber las constelaciones en la propia piel.
No es amor, es empezar en una botella y luego huirle a la misma porque se teme perder el control.

Ya casi vos y yo vamos a cumplir un año de decir ‘no eres lo que estoy buscando’.
[Silencio en la cocina se oye, solamente se lavan tazas]
Hola, qué tal, me volví humano y adquirí otras fuerzas en las playas de Tierra-2, ¿te interesa?

Lo más agradable de que te vuelvas a vestir es tu memoria roja desparramada por todas las maletas. Si fuera otro, tomaría las latas de hombres más jóvenes y dibujaria sin parar todas las letras. Incoherentes. Alfaeditables. Rompecueros. Asincopantes.

Me gusta cuando me besas las manos y estás como en loop, me gusta remitirme a mi pH cuando respiro y doy esos suspiros pequeños y cursis al sentir ese punzante toque en la lengua…

Estallar besar beber volver volver oler ácido huequitos en los dedos.

Es mi instinto estallándome en la bóveda poligonal de mi cabeza.