Bonus Track: Dame el poder, tejedor de verbo.

” A human being should be able to change a diaper, plan an invasion, butcher a hog, conn a ship, design a building, write a sonnet, balance accounts, build a wall, set a bone, comfort the dying, take orders, give orders, cooperate, act alone, solve equations, analyze a new problem, pitch manure, program a computer, cook a tasty meal, fight efficiently, die gallantly. Specialization is for insects”

Robert Heinlein, Time Enough for Love

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Encantos de estudiar arte. (i)

Saber que no importa que tan genial llegue a ser tu trabajo, cuando todo termine, así seas soltero o no, toooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooodo ese desorden creado sobre tu mesa debe volver a su dueño: vos.

No hay escape.

Por otro lado, si eres soltero, te enfrentas al maravilloso dilema. ¿Debo salir a comprar huevos, o dedicar ese tiempo a dormir para terminar el trabajo?
¿Hoy quiero y necesito hacer el dibujo, la pintura, el ensayo?

Cuando llega el momento decisivo, ya no estás solo. Estás como en el taller de Rodin, rodeado de musas desnudas y sátiros danzantes desnudos caminando, en el sofá, jugando cartas, estimulándose y gimiendo, reclamándote que se haya acabado el pan y la mantequilla, con risa brillante mientras se prueban tus prendas castas -y las non castas, también-.

Y mientras más conoces de los pintores más te desarticulas y te preguntas si tiene sentido una pose de pobre rico burgués culturable amable erotizable.
O lo mismo, pero al revés e invertido.

 

[Estos pensamientos fueron plasmados mediante:]

Sentido del arte

Waiting on the World to Change – John Mayers

A veces me asombra profundamente la diferencia.

Una parte del pasar de los años, de no morir, de que ‘no te toque la cazadora’ [Castaneda], es que empieza un ente a ergirse y a crecer. Ese ente se llama memoria. Y existe también el ejercicio del músculo de la comparación.

Hoy pienso que he llegado al futuro planteado en mi educación y la de mis padres y definitivamente no es lo que me prometieron. Brillantez, limpieza, bienestar y prosperidad para todos: nada de eso ha variado para bien exponencial en Bogotá, en Colombia, en nuestra cultura.

Me entrenaron para ser un yuppie más, me entrenaron para un mundo de colores ácidos y poder convertidos en dinero, lujos y pertenecer a círculos de aquellos que hacen imperios. [1] [2]
Y me pregunto cuántos más estarán en el mismo plan que yo, preguntándose ¿cuánto más? se necesita o se necesitará para darse cuenta de este *mundo de la miseria* que era el sutrato del *mundo de lo sofisticado*. Me da miedo tanta indigencia y tanta pobreza, no porque se pegue ello (como alguna vez equivocadamente sostenía), sino por la ira y el dolor tan latente -son como bobinas andantes que canalizan todo el odio de la ciudad o sitio donde habiten los que en pobreza e indigencia viven-. Me da terror a veces dejar de recordar la década de los ochenta porque cuando lo hago siento el sabor a plástico y hormona de esta época… toda la violencia de los ochenta se convirtió en la misma de los ’01, ’02, ’03, etc. y el mundo tiene una vibración de thrash industrial hiperacelerado y hambriento que no mira más allá del dinero y lo que pueda comer. Y es desgastante a veces el frenar ese PNL de consumidor voraz imperial y guerrerista -con derechos a despilfarrar y nunca equilibrar, es un PNL de otro tipo de licencia para matar-; es una batalla para aprender a no ser un robot sino un corazón con glándulas y músculos con inteligencia propia.
¿Cómo pedirle a alguien más que tenga sentido al estudiar en la universidad si ya no tiene sentido el trabajar para asegurarse un tiempo futuro, si hay tanta maldad sosteniendo la red artificial de beneficios del día a día?

Y creo que por eso amo a todos los artistas jóvenes que se pelan los dedos trabajando y que me enseñan a cantar bien o al menos al querer cantar para cambiar el mundo.
Porque sí. Porque al mundo hay que cambiarlo. El planeta está bien, divinamente está la biología: el corazón humano bajo diez mil capas de excrementos (en sus variantes “Responsabilidades”, “Posiciones sociales”, “Instituciones”, “Sistemas”) es el que hay que cambiar.
El Arte tiene el poder de cambiar el mundo. ¿Cómo así? Si en la academia, en el colegio, en la sociedad y al hablar con otros sobre la religión y la música me dijeron mil y mil veces más que la vida no debe desperdiciarse en esas pavadas, que no valen la pena, que hay cosas más importantes. Acá estoy para decirles que el Arte tiene el poder de cambiar el mundo; pero hay un tiquete que pagar -la grandeza no viene así de fácil- y es servirse en un vasito de vulnerabilidad y beberlo mientras somos testigos de la percepción de otro ser humano, vulnerable también.
Hoy por hoy es doloroso el darse cuenta que no había tal prosperidad infinita sin un contacto con la Madre Tierra y que la artificial, la fácil, la cómoda, la deslumbrante, la ruidosa, ha desrtruido y llenado de dolor y sangre todo fruto de la Naturaleza. ¿Cuántas personas están locas o volviéndose dementes (literalmente) por tumbar esta sombra en su cabeza o por empezar a verla? ¿Cuántas intentarán morir? ¿Cuántas se asustarán frente a la prueba más grande de vacuidad del mismo sistema interno?
Y ese coraje que se siente hay que convertirlo en luz, en poder, en amor para dejar ir la publicidad de lo que sería nuestra vida en algún futuro, para apreciar la que construimos ahora mismo, mejor.

¿Creen que no tiene aplicación?

Ya les traeré las muestras.

*************

P.D.1:   Sobre instituciones y la hipérbole de la paranoia.
P.D.2:  Sobre el cómo usar la rabia creativamente y proyectar claramente a través del arte, los cambios que el mundo necesita.

Texturas en la boca.

Cajas de música.

Encontré de mis versos manos. Dos manos rotas, de yeso vencido,
entre cajas y giros de camiones sus frágiles tendones corroidos.

Abrí un cajón, moví la persiana,
salieron serpientes con cizaña y palmeras podridas
para sentarse a mi lado, sobre mi almohada.
Sentí el golpe seco del recuerdo en mi cara y perdí el conocimiento.


Cuando me desperté, me enjuagué la boca de sangre. Tenía hambre. Mucha hambre.
Así que, lentamente, desenfundé mi dinero, bajé hacia un abarrote y compré un poco de felicidad en forma de chocolate.

Subí contando los peldaños, giré la llave, me senté de nuevo en el medio del silencio.

La habitación proyectó en mí su rechazo. Y no la culpo: gruñen siempre las paredes de los nuevos años e igualmente las de las casas que durante un tiempo no han tenido quien ame en ellas.

En mi mente ha pasado otro año más a pesar de desperezarse recién el minutero electrónico de su letargo nocturno,

cociéndose en un fuego albino todos los momentos que dejé pasar,

resarciendo con los pedazos de amor los tiempos faltantes.


Y hoy siento haberme encontrado un color indefinible a cemento dentro de mi pupila, de ojos grandes e impulsos sin parar, hoy he sentido un parte, una décima, pero esa décima suficiente para hacerme vibrar las notas y suspirar.
No, no estoy hablando de ella -ya sabes que de ella no me gusta hablar, de ella no te iré a hablar-.
Estoy diciéndote que a cada paso de este palpitar la enterré entre las nieblas de mi mente pensando en que era un espejo perdido de mí mismo, esos nosequé que nunca nos gustan ver demasiado tiempo pero nunca dejamos de admirar. Ojos púrpura, cielos al amanecer y un abrazo fundido sobre las cabezas fueron las voces de la orquesta de ese tiempo.

Hoy me siento árbol convertido en papel que por segunda vez será picado para volverse pasta indestructible y destructora de soledades
entre los hombres, los humanos.

El día de hoy tuvo un sabor dulce a victoria.
Pude recoger tus saberes entre las letras y dulcemente los cocí a fuego lento dentro de mi pecho, hasta que ebullieron y me rompieron la boca, terciándola como una copa rota de vino…

pero, ¿de qué se trata el encontrar una relación, una conexión, si no es de encontrar la parte que te toca?…

ii. Calibración


Espirales.

Veo espirales mientras camino por el apartamento.
La niebla es fría y las calles son mordaces, como son todas las calles mordaces en esta ciudad.

A lo lejos escucho el beso intranquilo de una excavadora. Faltarán unos minutos para que el aire se despierte y pueda morder el placer de caminar y correr, como nuestros antepasados cazadores acompañados de canes y piedras en la mano.

El día transcurre.
El poder solar es un contrapeso en mi corazón de las calles finitas, los edificios anquilosados, la memoria abierta y la revolución eternamente aplazada que se pasea rampante por mi soledad, mientras un sorbo de hoja de coca me anima a despertar y a palpitar, a poner en pulpa y carne viva estas letras mientras otros danzan sin cesar.
¿Tus labios se adelgazan? Los labios se adelgazan, cuenta un sabio inventado entre los paneles de mis neuronas, porque las palabras no pueden beber el aire, y entonces se lo roban, ultrajan, raptan, devoran, a los labios que anteriormente eran sus señores y amos.

Como adolece de calor el corazón frío de Buenos Aires.

La mañana es rara para los de eternas primaveras o eternas brumas -no solo el nacer sin estaciones afecta tu sensación de paso del tiempo sino la misma posibilidad de ciclicidad y posibilidades dentro del mismo-. Los pullovers se adecúan a tu garganta, recorres pasadizos de cuentos escritos para leer en la palidez de la eterna adolescencia y brotan tus hormonas que juraste a un dios olvidadas cada que acaricias una página que no conocías de una ciudad o pisas un pavimento con tus héroes predilectos.

Hay un muro que debo escalar, que cada mañana me adormece.
Ahora, solo ahora,
viene mi sangre purificada noseenqué tetera y mi alma de bolígrafo
a invocar esos amores que no eran amores sino sombras de la china entre los pliegues del número 20 al pasar los años.

Como una maleta solitaria en un rincón,
he sido mudo testigo del desplazarse, el perderse, atiborrarse, extrañarse, someterse al olvido y alumbrar la memoria con el candil prendido del presente.

¿Estaré maldito?

Interrupción de la realidad [parte dos].

Disculpen el atraso de esta actualización…

Agradézcanlo a estos señores:


Una vez aclarado esto… ¡acá vamos!

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Bueno, disculparán el corte con los  anteriores. Mas…

¿por qué en aras de nuestro sentido de seguridad, debemos permitir la invasión de todo aspecto de nuestra vida?

Esta pregunta me la planteo firmemente y con todo la seriedad del tema.
¿Acaso la seguridad no la llevamos por dentro?

Claro, todos *vivimos* bombardeados por la imagen de los todopoderosos Marines, U.S. NavySeals, BlackOps Attackers, Desert Storm Troopers y en el caso de América Latina, su versión tropicalizada con olor a fruta, bigote y miradita perversa e ínfulas de capataz de lechería -por favor, no lo vayan a negar-; cancerberos del bien común que manda más allá del horizonte y la hostia el derecho y deber privado.

En Colombia vivimos un proceso de autocensura muy fuerte, en el cual ya llegamos al punto en el cual si no quieres alinearte en lo conservador, pues te *alinean*. Yo no uso drogas, pero, si tengo el pelo largo, uso pantalones de rayas, escucho a Pablo Milanés y también escucho a Victor Jara y a Björk… que más… soy amigo de homosexuales, lesbianas, negros, pobres… creo que publicar cómics y hacer teatro es necesario para el alma humana…
¿me van a encarcelar? ¿Me van a desaparecer? ¿Deberían hacerme perfil genético para borrar mi descendencia?
¿A quién, realmente, estoy amenazando? ¿Quién es el que se siente amenazado, en el fondo del tanque, quién está buscando excusas?

Oh, bueno.

Un escritor muy famoso de Colombia, llamado Héctor Abad Faciolince -del cual pueden “googlear” su obra y leer trozos de su trabajo y se van a quedar k.o. – hizo una verdadera obra de ARTE sobre la coherencia en el mundo del arte, las drogas, las posturas.
Por favor, léanlo entre líneas y no tengan miedo de comentar. No tomen mi palabra, navéguenlo uds. mism@s.

Esto es extractado de la página web del periódico colombiano http://www.elespectador.com.
Curiosamente, no puedes tener acceso hoy 21-3-08, por ahora, a sus archivos. *suspira* De pronto está escribiendo otra. ¿Quizá…?

Con gran placer, cedo la palabra. (Lo que no entiendan, arriésguense a buscarlo en el mismo periódico)

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Opinión| 14 Mar 2009 – 10:00 pm

hector-abad-faciolince

Columna enmarihuanada

Por: Héctor Abad Faciolince

ACABO DE FUMARME UN PUCHITO de marihuana. Los miles y miles de libros de mi biblioteca, de todos los colores, están bailando conmigo.

Es como si los hubiera leído a todos y me saludan de lejos, moviendo las páginas como viejos amigos. No sé por qué, miro a mi novia y se me parece a Nefertiti; casi nunca la había visto tan bonita. Yo sé que los libros no bailan y que mi novia no es Nefertiti; pero verlos bailar y verla como Nefertiti es una experiencia bonita. Irreal, pero bonita.

Daniel Pacheco, columnista de este periódico que valientemente se declara consumidor de drogas, nos está invitando, antes de que prohíban la dosis personal, a que hagamos una manifestación portando “una dosis de personalidad”. Yo espero poder asistir y pienso llevar una soga. Es la soga con la que podría ahorcarme, pero con la que espero no tenerme que matar. Quiero tenerla a mano, por si me da la gana, nada más. Porque ni Uribe ni Uribito, ni Palacio ni Palacito, me lo pueden impedir.

Prohibir el porte y el consumo personal de marihuana o de cocaína, para que no haya drogados, será tan eficaz como prohibir las cuerdas y el matarratas para que no haya suicidas. Si uno se quiere matar y no encuentra cuerdas, se busca un precipicio o se cuelga de un bejuco. Lo que defendemos quienes defendemos la dosis personal es la libertad. La libertad, incluso, para jodernos la vida, si la vida nos jode y nos la queremos joder.

Hacía años que no me fumaba un porrito de marihuana. Me la consiguió un amigo; empacada al vacío, punto rojo de la Sierra Nevada de Santa Marta. De lo mejor del mundo. En Ámsterdam la venden carísima. Tengo sed; tengo los ojos rojos. Acabo de poner las Variaciones Goldberg, de Bach, tocadas por Glenn Gould. Siempre me ha parecido, estando sobrio, que es una música celestial. Ahora, con el efecto del punto rojo, me parece que he llegado a un paraíso musical superior.

Cojo un viejo libro que me estaba saludando mucho. Es de un autor inglés consumidor de opio. Dice algo muy interesante. Dice que cuando uno consume opio comprende que “lo único real es el dolor”. No voy a probar nunca el opio; no debo. He estudiado y sé que produce una adicción irrefrenable. Si no la produjera, probaría también opio, pero la educación me dice que no lo debo hacer.

No fumo tabaco, por el cáncer. Si Uribe y Uribito prohibieran por completo el cigarrillo, me pararía frente al Palacio (y frente al Palacito) a fumarme un Pielroja, dos Pielrojas, cien Pielrojas. Dice Nefertiti que ella no confía en aquellos que no se toman ni un trago. Algún demonio muy hondo tendrán que ocultar. Si Uribe y Uribito prohibieran el alcohol (con lo que les gusta), me conseguiría una botella de ron de contrabando y me haría encanar.

Cuando prohíban la dosis personal, por la pica, me voy a parar a fumar marihuana en la puerta de la Catedral. Para que me lleven, obligado, donde un policía y donde un psiquiatra. Le mostraré al psiquiatra todos los libros que he leído, todos los libros que he escrito, toda la música que he oído y todos los cuadros que he visto con la percepción exacerbada por la droga. Y si quieren, que me encanen. Si me encanan, llevaré una cuerda. Si me quitan la cuerda, llevaré los cordones de los zapatos. Si me quitan los zapatos, dejaré de respirar. Para qué respirar donde no hay libertad.

Creo que ya se me pasó el efecto. No creo que me haya hecho ningún daño. El que se sienta dañado por mí, que arroje la primera piedra. Adiós, me voy p’al cuarto a dormir con Nefertiti. Bien comprendo la envidia que les da.

· Héctor Abad Faciolince

Y se levantó el sol. (Disculpen el retraso :3 )

Y mirarás dentro del ojo del hombre

y verás al hombre que ha sido reducido a cenizas cientos de veces,

al que tus plegarias potentes protegen y absuelven.

Y mirarás dentro del ojo del cielo

y escucharás los cantos de lenguas extrañas sobre veredas con caminos de piedra,

mirando sin mirar el entorno de la humanidad,

reconociendo la tensión de los que a cambio de fama vendieron su alma, poder, amor y sostenibilidad.

Ay, yo que pensaba que era libre y hoy me siento descorazonado por lo que ha de venir dentro de las manos de muchos, muchachos…

Sale el amor navegando entre papel y byte  en la madrugada.
Y no puedes dormir, no quieres soñar, quieres entrañablemente recordar…

Cada paso durante un eón construido, construcción sobre el recuerdo de una comida y otra y ha pasado el movimiento de las estrellas y las hojas han mudado de pleno a podredumbre a desintegrado a semilla que genera planta muy diferente…
Los besos se bebieron entre sonrisas, nace acaso un nuevo amigo a cada caminar de las letras y ya entre página y página tirada en el suelo beben estos de mis recuerdos, mal partidos por las fechas. Y las manos acarician una guitarra eterna y un piano eterno, que dentro de unos pocos oídos a tí te parecen millares.
Noches, algunas, las que nos vemos empapados dentro de un aguacero de mentiras, para alimentar la voraz mente que busca arrastrarnos al desgaste que no ha llegado aún, que aún no ha abrazado o desvestido el mismísimo tiempo.

El tiempo nos tiene, como en una alquimia de cocina,
entre presiones de temperaturas y colores
que al paso del tiempo nos enseñan una gran lección,
que todo lo que a la tierra ha de volver cederá el rojo intenso con el cual salió de ella y se dorará mientras se apague su silencio.
Tanta obsesión con lo que no fue te eclipsa el amor y te rompe las novelas que tejiste durante sesiones de amor, que te dejaban pasmado como un cigarrillo al abstemio y un vino  fuerte a un cura en cuaresma.
El viento que ulula en su cabalgar nocturno te enseñará que la tierra sigue girando, los mares levitando y los aires zigzagueando, pero el tacto de terciopelo de los que añoran un mejor cada día y el dulce, dulce silente beso de sentirse pleno e infante, nunca termina.

Por ello te digo que mirarás dentro del ojo del hombre
y con todo esto ya verás la calidad de su ceniza y el orden y color de sus ritos que no clasificaron a rezos,
lo harás abrazando al sol que sale del cielo y se posa dentro de tu pecho para abotonarte la camisa después de tu desayuno mientras tarareas en lenguas perdidas para el comercio
los placeres que dan una tajada de buena nostalgia aderezada con conclusiones contundentes a las caricias del ayer…

y sales flotando por la ventana.