Implorama

Si alguien me preguntara por el animal más sutil, el de pisada más extravagante, creo que es el animal que habita el tacto.


Cuando se ha roto toda cadena y toda cadena es mentira, cuando no queda nada más dentro del alma que el resentimiento y el odio por los que nos engañaron, me pregunto seriamente a donde he de ir a parar con mis huesos y sortilegios.
Me pregunto si solamente puedo hallar paz entre tanta catacumba y tanto litio con rostro de amor o palabra justa….
cuando no es así.


Me pregunto cuando va a llegar el día en el cual, junto con estas dos hermosas alas blancas zafiro, venga una mano limpia y esmerilada, en la cual cuando sea necesario, pueda convertirme en pupa de dragón y enrollarme. Cálido, sencillo, contenido. Sin temor a lo reverenciado o lo negado… sin miedo a nada más que un portentoso porvenir sin escribir, el sabor inmenso de la página en blanco y mis dedos volando en pintura y semen y dactilares y alegría salina dandole tonos carmesís a lo soñado…


…¿cuándo, Creador, Creadora, le darás a esta vieja alma una compañía equivibrodistante para viajar a su hogar?

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Plegaria, antes de la Primavera.

Mi plegaria es simple, señor de la tierra, señora de la tierra.

Dioses de panteones olvidados entre  la pútrida tarjeta de plástico, el tener sobre el ser, la cabeza rapada sobre la lógica, las propagandas de toallas higiénicas y la prostitución velada como pan de cada día…

oigan mi plegaria.

Denme fuerzas. Invoco de ustedes la fuerza de las alas inmaculadas, el orden de Aquello Que No Tiene Nombre. La claridad, la caridad, para sentir dentro de mi pecho la generosidad y amor que nacen de querer arreglar el micromambo y el macromambo que hoy por hoy rodea mi ciénaga.
Que mis talones se afilen,
mis músculos se tonifiquen,
mi lengua se acere
y mi corazón despierte.

Que el daño quede hecho
que las canciones salten a la vista.
¡Respiro, PadreMadre!
¡Respira, HijaHijo!

Necesito el poder entero para desarrollar ahora, acá, la veta de jade y oro que me ha sido entregada
como pastor de hombres.
Necesito el poder lumínico para darme cuenta de que los errores se curan con la marcha aprendida como una flor negra entre los labios.
Confío en que retornará el rey loco, el poder de la guitarra, flower power en las venas, humedades de calidad de vendaval se levantarán y exigiré la sonrisa verdadera como fruta fresca nuestra de cada día.

Estoy esperando que se apague esta última vela maldita para abalanzarme como un lobo sobre la maldad, humeante el corazón como una montaña, y quiero clavarle los colmillos rotos pero fuertes y certeros, para que nunca, NUNCA, se vuelva a levantar lo denso.

Me he aburrido de vivir con la excusa de la porquería como única moneda en todo el planeta.
Y tampoco perdonaré a aquello que nos exige los caprichos pero para YAAAAA; ¿sabes cuál es el sitio para tu cuerpo en este universo? ¿Sabes acaso, PARA QUÉ ESTÁS HECHO! ¿Sientes dentro de tí el canto del viento agradecido y el de las estaciones que claman que oigan y apliquen sus cambios?

Ahora que el amor se debate para romper las lianas del amar a quién para seguir hacia el qué amar, elevo como incienso esto. Sube el humo de mi cultura profética con un ritmo que pesa.
Lo solicito al borde del delirio febril.

Abre ahora mismo mi Canto.

Unas verdades aplastantes.

[Para D.A.P.]

La sombra del padre se impone, comiéndose
los últimos rezagos de amor y caricias…
derruyendo las mariposas llenas de violencia
y amores tipo pantalla noir grande.

La soledad lo abraza y abriga
lentamente llevándolo al estupro de las manos
entre la izquierda
y una derecha
con los colores errados…
¿dices errados para mí? No, errados para por el mismo,
cualquiera puede verlo
pero el tema es: él debe antes reconocerlo.
Y quiero dejar de ser pitonisa ardiente
y decir
que ya cerró el ciclo, que las piedras de su ciudad no son las runas-ladrillo
con las cuales se construye un potente futuro.
Cae rápidamente hacia arriba el que ahora sabe cómo leer el cielo.

Supongo que quiere un talle de madera rústica
sobre un poderoso mármol
y arabescos y tallas barrocas que le digan que ya es una prueba superada…
mas repetirá la neurosis, de eso no me cabe duda una.

Porque no se huele a hombre
penetrando
gritando
corriendo
saltando.

El olor a hombre se logra
cuando al fin puedes danzar con propiedad tu cuerpo, tu semilla y tu caleidoscopia
hacia un pájaro y un arco,
cuando eres un aroma de extranjero en seno propio y familia con lo que el universo regala
como en el tango.

ii. Calibración


Espirales.

Veo espirales mientras camino por el apartamento.
La niebla es fría y las calles son mordaces, como son todas las calles mordaces en esta ciudad.

A lo lejos escucho el beso intranquilo de una excavadora. Faltarán unos minutos para que el aire se despierte y pueda morder el placer de caminar y correr, como nuestros antepasados cazadores acompañados de canes y piedras en la mano.

El día transcurre.
El poder solar es un contrapeso en mi corazón de las calles finitas, los edificios anquilosados, la memoria abierta y la revolución eternamente aplazada que se pasea rampante por mi soledad, mientras un sorbo de hoja de coca me anima a despertar y a palpitar, a poner en pulpa y carne viva estas letras mientras otros danzan sin cesar.
¿Tus labios se adelgazan? Los labios se adelgazan, cuenta un sabio inventado entre los paneles de mis neuronas, porque las palabras no pueden beber el aire, y entonces se lo roban, ultrajan, raptan, devoran, a los labios que anteriormente eran sus señores y amos.

Como adolece de calor el corazón frío de Buenos Aires.

La mañana es rara para los de eternas primaveras o eternas brumas -no solo el nacer sin estaciones afecta tu sensación de paso del tiempo sino la misma posibilidad de ciclicidad y posibilidades dentro del mismo-. Los pullovers se adecúan a tu garganta, recorres pasadizos de cuentos escritos para leer en la palidez de la eterna adolescencia y brotan tus hormonas que juraste a un dios olvidadas cada que acaricias una página que no conocías de una ciudad o pisas un pavimento con tus héroes predilectos.

Hay un muro que debo escalar, que cada mañana me adormece.
Ahora, solo ahora,
viene mi sangre purificada noseenqué tetera y mi alma de bolígrafo
a invocar esos amores que no eran amores sino sombras de la china entre los pliegues del número 20 al pasar los años.

Como una maleta solitaria en un rincón,
he sido mudo testigo del desplazarse, el perderse, atiborrarse, extrañarse, someterse al olvido y alumbrar la memoria con el candil prendido del presente.

¿Estaré maldito?

Interrupción de la realidad [parte dos].

Disculpen el atraso de esta actualización…

Agradézcanlo a estos señores:


Una vez aclarado esto… ¡acá vamos!

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Bueno, disculparán el corte con los  anteriores. Mas…

¿por qué en aras de nuestro sentido de seguridad, debemos permitir la invasión de todo aspecto de nuestra vida?

Esta pregunta me la planteo firmemente y con todo la seriedad del tema.
¿Acaso la seguridad no la llevamos por dentro?

Claro, todos *vivimos* bombardeados por la imagen de los todopoderosos Marines, U.S. NavySeals, BlackOps Attackers, Desert Storm Troopers y en el caso de América Latina, su versión tropicalizada con olor a fruta, bigote y miradita perversa e ínfulas de capataz de lechería -por favor, no lo vayan a negar-; cancerberos del bien común que manda más allá del horizonte y la hostia el derecho y deber privado.

En Colombia vivimos un proceso de autocensura muy fuerte, en el cual ya llegamos al punto en el cual si no quieres alinearte en lo conservador, pues te *alinean*. Yo no uso drogas, pero, si tengo el pelo largo, uso pantalones de rayas, escucho a Pablo Milanés y también escucho a Victor Jara y a Björk… que más… soy amigo de homosexuales, lesbianas, negros, pobres… creo que publicar cómics y hacer teatro es necesario para el alma humana…
¿me van a encarcelar? ¿Me van a desaparecer? ¿Deberían hacerme perfil genético para borrar mi descendencia?
¿A quién, realmente, estoy amenazando? ¿Quién es el que se siente amenazado, en el fondo del tanque, quién está buscando excusas?

Oh, bueno.

Un escritor muy famoso de Colombia, llamado Héctor Abad Faciolince -del cual pueden “googlear” su obra y leer trozos de su trabajo y se van a quedar k.o. – hizo una verdadera obra de ARTE sobre la coherencia en el mundo del arte, las drogas, las posturas.
Por favor, léanlo entre líneas y no tengan miedo de comentar. No tomen mi palabra, navéguenlo uds. mism@s.

Esto es extractado de la página web del periódico colombiano http://www.elespectador.com.
Curiosamente, no puedes tener acceso hoy 21-3-08, por ahora, a sus archivos. *suspira* De pronto está escribiendo otra. ¿Quizá…?

Con gran placer, cedo la palabra. (Lo que no entiendan, arriésguense a buscarlo en el mismo periódico)

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Opinión| 14 Mar 2009 – 10:00 pm

hector-abad-faciolince

Columna enmarihuanada

Por: Héctor Abad Faciolince

ACABO DE FUMARME UN PUCHITO de marihuana. Los miles y miles de libros de mi biblioteca, de todos los colores, están bailando conmigo.

Es como si los hubiera leído a todos y me saludan de lejos, moviendo las páginas como viejos amigos. No sé por qué, miro a mi novia y se me parece a Nefertiti; casi nunca la había visto tan bonita. Yo sé que los libros no bailan y que mi novia no es Nefertiti; pero verlos bailar y verla como Nefertiti es una experiencia bonita. Irreal, pero bonita.

Daniel Pacheco, columnista de este periódico que valientemente se declara consumidor de drogas, nos está invitando, antes de que prohíban la dosis personal, a que hagamos una manifestación portando “una dosis de personalidad”. Yo espero poder asistir y pienso llevar una soga. Es la soga con la que podría ahorcarme, pero con la que espero no tenerme que matar. Quiero tenerla a mano, por si me da la gana, nada más. Porque ni Uribe ni Uribito, ni Palacio ni Palacito, me lo pueden impedir.

Prohibir el porte y el consumo personal de marihuana o de cocaína, para que no haya drogados, será tan eficaz como prohibir las cuerdas y el matarratas para que no haya suicidas. Si uno se quiere matar y no encuentra cuerdas, se busca un precipicio o se cuelga de un bejuco. Lo que defendemos quienes defendemos la dosis personal es la libertad. La libertad, incluso, para jodernos la vida, si la vida nos jode y nos la queremos joder.

Hacía años que no me fumaba un porrito de marihuana. Me la consiguió un amigo; empacada al vacío, punto rojo de la Sierra Nevada de Santa Marta. De lo mejor del mundo. En Ámsterdam la venden carísima. Tengo sed; tengo los ojos rojos. Acabo de poner las Variaciones Goldberg, de Bach, tocadas por Glenn Gould. Siempre me ha parecido, estando sobrio, que es una música celestial. Ahora, con el efecto del punto rojo, me parece que he llegado a un paraíso musical superior.

Cojo un viejo libro que me estaba saludando mucho. Es de un autor inglés consumidor de opio. Dice algo muy interesante. Dice que cuando uno consume opio comprende que “lo único real es el dolor”. No voy a probar nunca el opio; no debo. He estudiado y sé que produce una adicción irrefrenable. Si no la produjera, probaría también opio, pero la educación me dice que no lo debo hacer.

No fumo tabaco, por el cáncer. Si Uribe y Uribito prohibieran por completo el cigarrillo, me pararía frente al Palacio (y frente al Palacito) a fumarme un Pielroja, dos Pielrojas, cien Pielrojas. Dice Nefertiti que ella no confía en aquellos que no se toman ni un trago. Algún demonio muy hondo tendrán que ocultar. Si Uribe y Uribito prohibieran el alcohol (con lo que les gusta), me conseguiría una botella de ron de contrabando y me haría encanar.

Cuando prohíban la dosis personal, por la pica, me voy a parar a fumar marihuana en la puerta de la Catedral. Para que me lleven, obligado, donde un policía y donde un psiquiatra. Le mostraré al psiquiatra todos los libros que he leído, todos los libros que he escrito, toda la música que he oído y todos los cuadros que he visto con la percepción exacerbada por la droga. Y si quieren, que me encanen. Si me encanan, llevaré una cuerda. Si me quitan la cuerda, llevaré los cordones de los zapatos. Si me quitan los zapatos, dejaré de respirar. Para qué respirar donde no hay libertad.

Creo que ya se me pasó el efecto. No creo que me haya hecho ningún daño. El que se sienta dañado por mí, que arroje la primera piedra. Adiós, me voy p’al cuarto a dormir con Nefertiti. Bien comprendo la envidia que les da.

· Héctor Abad Faciolince

Gotitas de Hiel.

(((Este post no es apto para menores de 300 años. Por favor, no se lamenten después)))

Me irritan los dientes, quisiera escupirlos como dientes de drago y que escalaran las paredes del ladrillo.
Que volaran y en la caída generaran un surco. Que ese surco alimentara todas las puertas rotas y que emergieran por ellas los dioses antiguos hindis y egipcios con sus talones de gato y sus apéndices de escorpión,
para cabalgar sobre las cabezas rotas de los indeseable y romper para siempre la oscuridad que nos cerca.

No soy un ser de tempestades eternas ni me gusta más la venganza que al próximo vecino.
Quisiera, simplemente, poder volar, volar como los dragones con sus escamadas visiones y romper la médula espinal a todos los miserables gusanos que buscan comerse la tierra y sus habitantes. A aquellos que nos frustran el bailado y la caminada, a aquellas que propician y enceguecen la vida mediante la violencia contra sus propios hijos. A todos los que como trolls y orcos sin conciencia violan sin parar nuestra propia mente pero *alegamos* que nos lo merecíamos, porque somos los mejores en un algo inmaterializado sacrificado en pos de un sueño de opio vagamundo.

El aire me parpadea en disonancia y solo veo trozos rotos a mi alrededor.

¿Cuánta sangre más necesitas tú, tú y tú para darte cuenta de que está hecha del mismo material del concreto, que cada cosa que limpias es mejor para tu alma que miles de gramos de… de lo que sea?


El oleaje contenido por siglos activa en mí la necesidad de romper las maderas de tu buque y retomar con fuego lo que tanto has desperdiciado.
Quiera Dios tener piedad de tu cuerpo si permito a un solo archivo divino quedar con tu memoria después de lo que origines sobre esta tierra, fango por mente que camina entre los humanos.

Mi propio marasmo me inspira un relámpago atronado de pensamientos afilados buscando la yugular de mi próxima víctima, del próximo animalito jugando a estar vivo sin procesar lo que ha experimentado, armando una casa sin tomar en cuenta.  Prefiero perder la sangre y salir airoso de este palpitar, comer, fornicar sin cuentas sagradas y con sagradas alas elevarla, que estar pendiente de tus afirmaciones y tus marasmos entrelazados.


Y tú.
Oye como elevo al cielo mi última plegaria hacia tí: que yo también me quemaré con el granizo, por mi lengua bífida, mi rostro perdido y mis manos con zarpas no cortadas,
pero que no te quede duda,
tú también,
te habrás de ir conmigo.

http://www.youtube.com/watch?v=u4-aUiddpUo

Gotas de Fantasía (iv de IV)

Las manos temblaban cuando dejaste el teléfono celular atado a la cadena sobre el mostrador.

Levantaste la cara y miraste al frente.

-¿Señora…?

-¿Hmm? -te contestaron desde el otro lado de la verja.

-¿Ud. también oyó eso?

-Ay, pequeña, por favor: acá todo el mundo sabe que el barrio de los universitarios es el barrio de las mascotas baratas, los callejeros… ¿no viste el piso como un campo minado acaso?.

-Siiiip, que pena…
-No nada, niña, tómate un café y despiértate mi amor, tranquila. Ten buen día.
-Buen día, Doña Rosana.

Qué hermoso, pensó la niña de las copias y el aroma a universidad, qué hermoso era tener la vida tan resuelta.
Claro, con los dramas inflingidos y las mentes borradas a las cosas que no fueran ajenas… ¡ajenamente peligrosas a lo que ya decidió que es su vida!
Encogida de hombros. Caminata rápida para desentumecer los huesos.

Sin embargo…

¿y si fuera cierto? Ya tuviste un reloj que llameaba prototipos y corazones hipertrofiados por el fuego vivo que atravesó como una exhalación esta mañana, ahí, al frente del templo-bunker mormón con su ángel de hipocresía (versión Oro sólido, para no desvariar) antes de entrar a tu clase.
El palpitar de los decibeles no te puede ser ajeno, fue como si el viento te hubiera lamido el oído y besado la mejilla, esas cosas no pueden ignorarse. Ese sonido, lo suficientemente potente para romper el bramar de los buses y el chillido metálico de los carros, no puede salir de tu corazón, que está fuera de el ritmo y el pulso arrítmicos de las avenidas de un barrio Chapinero jugando con sus ladrillos a ser casas inglesas.
Ya llevas cinco cuadras, seis, con el corazón acelerado y las manos sudorosas… pero por desconcierto, no por miedo.
Lo oyes una vez más. Volteas de sobresalto y ves como ‘algo’ en tus ojos hace que los mendigos se pasen de acera sin dudarlo. Desconcierto, te dices una vez más.
Vuelves a andar, ajustándote las gafas al cuerpo entero, para ver si tus explicaciones representadas en esos dos lentes te protegen de lo que sea que no puedes explicar pero aterroriza tu alta estirpe y menguada estatura; el mundo es de los hechos y por los hechos realizado, los hombres sin empleo o paupérrimos y las mujeres débiles de voluntad o mojigatas son las únicas identidades autorizadas para alucinar en esta pérdidad de humanidad de tu día a día.
Pero…
Rasgando, el sonido, el aullido incorporado de veinte animales al mismo tiempo, se yergue imponente rompiendo tu reflexión, como una gárgola erguida en felicidad sobre una catedral.
Frenas de abrupto, golpeando a un hombre de corbata y gafas, que te dedica un piropo envuelto en alguna alusión a tu madre y su uso de alucinógenos…

“Va. No más. Si es un juego de mis compañeros de clase, se las van a ver. ¡Se las van a ver YA!” piensas tensionando los nudillos.

Pivotas sobre tus talones y te yergues todo lo ancho y furiosa que puedes en un solo latigazo.
Rotas la cara y al ver al animal, casi te desmayas.

Caes al suelo, gritando.
Recuerdas poco de tí antes de desmayarte, excepto a un hombre llamando a un policía y a una mujer tomándote el pulso…

…te devaneces, borras, diluyes…
****************

El papel es blanco y sientes entre tus manos las copias aferradas con las uñas, como una zarpa. Las paredes son más largas porque estás con la mejilla contra un suelo impoluto de tierra, familiar en cierto sentido.
Levantas la cabeza y te incorporas lento. Puedes ver un paisaje verde, una meseta carmesí y pastizales poblados a través de una ventana redonda sin vidrios; lo que te haya dejado acá fue tan amable de no desvestirte… todavía. Hasta tus gafas se sienten más livianas. Preguntas donde estás en voz alta, pues para tu sorpresa estás en una habitación de colores pálidos, mates, como ninguna que hayas visto antes.

Mediante tus manos rígidas, que están heladas, se sienten heladas, ves el despertar de la mañana, oyes como se abren las puertas del día y de la noche.
Sientes el agite en tu pecho, la habitación separa los pétalos de sus paredes hasta existir las puertas de otro mundo girando sobre la palma de la mano de un ángel enorme -ese suelo ya te es más familiar y alguillo aterrador-,
y al voltear para ver el rostro del mismo dos estrellas gigantescas te abrazan por mirada, sintiendo la calidez del amor maternal y el poder de los abrazos protectores de tus ositos de felpa que borran tu temor. Una vez fuera el temor, empiezan los cuestionamientos, naturalmente. Te preguntas qué es lo que sientes, y ves cómo una sonrisa enorme brilla en ese cielo enorme que es su Rostro hasta enceguecerte por todas partes. Sientes colores albicelestes, banderas de telas tejidas con colores del arcoiris con cruces hechas antes de los banqueros españoles y sus espadas, prados eternos cabalgando sobre tierras secas y señores hechos de cortezas de ramas y padres acariciando a sus bebés pataleando en el vientre por sentir tu presencia en la habitación…

¡No entiendes nada!

Pero no hay nada que entender. Sabes que no es para entender que estás acá. Lo importante viene.
Algo se acerca y roza tus manos, ya relajadas un poco más por el calor estelar.

Una figura que no puede enfocarse pero que sabes te saluda  te habla.

-Hola -te dice.

-Hola- le respondes.
-No estás muerta, pequeña-.
-Veo.
Pero, ¿estoy completa?-.
-No-.
-Aaaaahm-.
-Nunca has estado incompleta-.
-AAAAAAAAAAAHM…-.
-Y no estás sola-.

Se voltea esta forma brillante alejándose, mas antes de irse le preguntas si lo que has visto es real.
Te mira por el rabillo del ojo… ese brillo ámbar… un minuto… ¡la calle!, ¡los decibeles!, ¿será…?

Y ocurre.
Ves como una mancha de luz envuelve un cuerpo triangular, luego angular, luego curvo, poliedros en simultánea danzando y generando y puliendo el dibujo, manifestando lo que antes no podrías ni sus bordes acariciar como posible. Una bestia noble de gran tamaño se ha vuelto canción presente.
El Lobo Blanco te sonríe, trota a tu lado, se echa al suelo unos cuantos metros más allá.
-Si me tocas, despertarás.
Nunca olvides dónde me puedes hallar.

Dudas.
Es hermoso, después de todo, sentir pensamientos claros como el agua y verlos volverse flores verdes, vagando en las corrientes, palpitantes… todo esto es la mejor realidad que hayas podido abrazar…
Dudas.
-Si no me tocas, no despertarás – te repite el gran can.
-Pero no podrás sostener esta conciencia por siempre, amada -concluye sonriendo.

Lo sientes, eso último; se siente en los dedos, en las uñas, en la pelvis. Ya nunca más podrás regresar a donde sea que habías planeado llegar a ser. Esta parada en tu caminar te ha trasladado y rotado más allá.
Te arrodillas sobre esa mano gigantesca, ves como el espacio empieza de nuevo a detenerse en su andar y a apagarse un poco el color de los pastos, gradual y sostenido, como cuando apagabas las luces con tus sonrisas antes de soplar las velas y quedan solo las estrellas enormes, la palma de la mano que juega a ser paisaje y monte plano, el lobo enorme como tres daneses juntos echado en el suelo, acariciando sin cuidado el suelo, sabiendo que el tiempo mismo, en realidad, siempre espera (el que no espera, es el ser humano).

Miras por última vez ese magnífico cielo que fueron tus copias empuñadas y las sueltas sin drama al suelo.
Este Lobo siente el caer de las hojas. Se incorpora, se levanta, toma impulso y con una carrera corre a tus brazos.
Sientes el vapor húmedo del impulso y el abrazo entrañable y despiertas de un sobresalto.

**************

Han pasado ya cinco años.
Sí, todavía eres un desastre público, te comes las uñas a veces y esperas la adoración permanente de los que ya no son tan muchachos -han entrado nuevos peces en ese acuario-.
La única cosa que tus novios no han entendido pero que sabes tu hija entenderá es el por qué demorarse, durante todos los martes, con un pastel de manzana y una tisana mas un cincel y pintura y tintas y lápices en lograr con buen humor y la intensidad de cinco años enteros tallar un ojo y oreja de lobo y un ojo y oreja de un ciervo a lado y lado del espejo enmarcado.
Cada vez que miras el cielo los verás cabalgar,
los sentirás palpitar.Nadie puede llevarte al cielo sin obligarte a ser una dogma y aumentar su nombre o el tuyo.
Pero, ¿si perdiendo las vocales de tu propio nombre, volvieras a la felicidad de lo redondo y lo amable?

Bajas trotando las escaleras de tu piso. Doctora no es un mal título, pero Licenciada en Artes es mejor. Sugiera más cosas para esas mentes atadas dentro de las palabras de los cucigramas de la locura de las *crisis sociales eternas* y mírelos estallar, artista.

Bailas en el jardín y te esfuerzas y te estiras y peleas con tu sombra con fintas poderosas, riéndote siempre y ahora, a bañarse.
¡Después de todo, no puedes salir a la calle con toda esa piel blanca y tersa como una centella sin bañar!

Porque, ¿qué dirían tus amigos unicornios si supieran lo que has tenido que pasar para volver a ser una niña y esta historia podernos regalar?