La cacería y el trenzado. (Segunda Parte)

 

Detrás de los labios están los músculos orbiculares. Cada fibra del ayer está condensado detrás de la pena paternal: darse cuenta que nadie sobrevive el *fuck it* adolescente que se sostiene cuando ves esta vida pasar incesantemente de vuelta bancaria a cédula a SIM reemplazando tu paz a animal infectado a clínica estatal al cuerpo calloso encargado de la amistad, lobotomizado.

Si no tengo que hacer un ángulo así, una mirada allá y un doblez planchado, te lo juro que no tendrás la memoria de salvación fallida que intenté aplicar antes en lugar de amar.
Te sirve. ¿Te sirve? Dímelo sin memorizar…

Sinapsis pura. Entrañable. Armada invencible. Lo transmitido, sucio o indefinible. Posamable, posortografía, posinocencia.
Esas palabras lastiman, empañan, opacan las puntas de tus neuronas.
¿Sabes qué es lo triste de la palabra adulto?
Que se actúa como adulto cuando cada vez que conoces a alguien piensas en qué es lo que quiere para su barco. Eso… sí, es eso. En esos momentos, así seas de tres años, eres adulto, macho.

Pero anclamos y buses largos y ese olor que sólo suelta la playa abajo de la línea del Ecuador.
Hay algo sobre el filo de los ojos del que está cargando tinta y ciencia, delicadamente metiendo a su muerte hongos y tomates para que tu comas fraternalmente la memoria de esta tomando tu ropa de una silla desconocida después del desgaste.

Tenemos exceso de bosque y ausencia de limo… arbolitos que visten sus propias banderas declaradas de amputación.
Y al fondo, la búsqueda de reproducción posesiva con esas telas livianas.

Estamos poniendo sobre fuego el todo porque nada nos ha garantizado que el viaje cauterice lo pendiente…
Gritándole
y
gravitándole
a lo negro.
Somos los hijos de los que fueron hechos sin amor pero con demasiada, demasiada historia.

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La cacería y la madera (Primera Parte)

 

 

Si ustedes sintieran la adrenalina que da la cacería, las presas más débiles que se doblan bajo el peso de la anilina y la falsa modestia del que compró zapatos caros,
podrían palpar lo que es querer irse del sitio pero saberse amarrado a él hasta que el yunque nos deba un par de horas de palpitar y de sueños.

Pero no.
No hoy.
Cada voz que sigo estás ahí, diciéndome lo poco que valgo, lo mucho que dejé atado, lo mucho que seguí esperando sentado en una mesa que un viernes fuera para mí lo que es para ustedes, oficinistas y paisajistas de la mercadería artística.

Tengo una memoria de los dos abrazados, y los dos nos sostenemos
-hoy en día está al alza el contacto y el rozar raíces, porque nos gritan que somos descastados por todas partes- y…

…y teníamos ese bamboleo raro al acomodarnos en la silla del parque que es como el saberse cargas eléctricas, y por osmosis nos entró el silencio para sobrevivir a esa fuente dorada permeando la ventana desde otro piso… durante treinta segundos había paz había amor había la inocencia en formato .wav o la ilusión de una vida libre del odio heredable. Pura hormona de lo digital hecho análogo.

Estoy mostrando lo vulnerable que soy mientras tú te das un giro por el universo y decides cómo lo lees… estoy pensando en historias de terror con gran escote pero mi presupuesto es bajo y corto, mi bajo el reposo y lo largo, tengo un rojo cualquiera atravesado en la respiración y un blanco de espera domesticado por tu memoria de lo que ha de ser.
No quiero pretender que sé lo que es correcto de lo que no lo es.

Quiero que mi última frase sea tan fuerte como la primera. ¿Podrías…?

Yggdrasil y el diamante

Pero cómo se lo vendo al mundo, pequeño. ¿Acaso no sabes que por esto que damos, nadie nos va a pagar? Amar es sencillo, es cálido, es inocente, confía en sí mismo y no quiere tu grandilocuencia.
Sonríes tranquilo y en desbandada. Almacenas sonrisas y vacías el lugar. Nadie va a pagarte por ello.

¿Tienes el valor para mantenerte vivo? Filo, liviano, potente, vital. Mira que las hojas han seguido cayendo, venosas y lujuriosas, mira que lo biológico decae, se encumbra, sostiene, una nueva forma exige tu hogar.

Sentirás la trepidante lucha de tiempo consolidado a punta de propaganda y un pensamiento rojo y azul diseminado por todas partes: uno nuevo y limpio, caballete sin estrenar. Nadie va a pagarte por ello.

Será ancho el espacio, será ancho el momento, ¿con quién lo compartirás?

Y las bellas mujeres serán simplemente sexos comprimidos sin brillo que no sea pálido ni ausencia que, como el ciclo del cielo, no habite una estrella rústica, sin pulir, devaneo rojo incesante que dobla una esquina y golpea el azar.
Los cantantes, todos vestidos de negro y café, te dirán que no eres optimista ni liviano y te desecharán cuando puedan y quieran: te consumirán como el Starbucks que dicen odiar. Las revistas no lo publicarán, el mundo digital enseñoreado por personas demasiado desvitalizadas para caminar su vida por gusto propio o correr por jugar no lo reseñarán. No es memoria y autoafirmación en un crucigrama que se manchó de jugo vegetal, luego, no te sorprendas. Nadie va a pagarte por ello.

Un día de estos caminarás sobre el filo de la navaja y cortarás, beso a beso, los interlapsos del tiempo y cerrarás la puerta sin querer y sin parar a los otros ciervos.
Si buscas un intercambio de mercancías, este es. Nulo en esencia, sí, pero es intercambio.
No habrán abrazos. Las casas que abandonaste de la gente que amaste seguirán ahí, con sus paredes blancas
y sus tradiciones incesantes.
Nadie va a pagarte por ello.

Pero tengo los bolsillos llenos de estrellas por confirmar.

 

 

 

 

Gotitas de mi corazón

Quiero vivir dentro de los momentos del día
en los cuales pueda sentir la simpleza del color.

Esos momentos cálidos, fuertes, en los que,
sin importar si el aire está fracturado por ausencias,
o saturado de sarcasmos,
el brillo de una pupila me devuelva al azar y la aventura
del corazón cristalizado de las flores…

…de donde nunca, jamás, querré salir.

***

Erase que se era…

…erase que se era un mundo hermoso. Un mundo el cual las árboles vivían en paz y caminaban por todo el bosque, besando, comiendo las almas de otros árboles, cantando y siendo el multicolor poder de la naturaleza, el verdadero rostro del corazón.

Érase que se era…

…érase un mundo que conocía el canto de la piedra y el del agua limpia.

Érase un mundo, en el que el hombre no era nada. No pensaba que era amo y señor,
no pensaba que era superior,
no actuaba como los conceptos recién mencionados y destruía esta tierra.

Érase que se era un niño que nació con alas.
Se le intentó cortar las alas, se le exigió que olvidara el mundo exterior,
se le suplicó, ¡POR SU BIEN!, que dejara a ese pobre mundo y que siguiera adelante, porque debía vivir, por su bien, porque debía ser ÉL mismo el mejor de lo que ÉL no hubiera pedido ser.

Érase que se era un niño que un día creció para empezar a tener un cuerpo de hombre y mantener su alma limpia luchando por ella cada día y con cada aliento de su cuerpo: érase que se era un niño que aprendió que sus sueños eran reales, que su casa no era esta tierra con sus verdes árboles y sus hermosos katiaka-y-rres, pero amaba con todo a los árboles y a sus hijos los bichitos y la antisepsia de este oloroso y hermoso mundo.

Érase un niño que plantará árboles y fertilizará la tierra y que le duele que la quemen y le hagan daño. Érase un niño que pintara los colores de su alma cada día en un papel o en el aire o en un lienzo y saldrá a dar batalla hasta que sus uñas se vuelvan liquen y sus labios musgo.
Hasta que deje de oír música y deje de sentir amor por este inmenso y hermoso acuario que los científicos llamaron, curiosamente, Tierra.
Hasta que sus manos no bombeen más sangre hacia sus manos y no pueda decir que no está de acuerdo y nunca lo estará.
Hasta que sea abono de una nueva tierra y pueda ser el feliz padre adoptivo de muchos, muchos hijos.
Hasta que vea su destino cumplido y la tierra que lo acogió tomando sus problemas en sus manos.

Érase que se era un ave que había olvidado sus alas de turquesa,
pero las recupero y con su batido hará temblar la tierra.

Gotitas de hierro

Quiero cantarte y decirte,
que de mi cabeza salen por la mañana antes de entrar a laburar,
muchas cadenas negras que a mi cuerpo van a penetrar.
Desterrarlas es mi deber, hasta la ascensión de la Centella perdurar….

Quiero gritarte y decirte,
que ser joven no es un lujo,
es más bien un derecho, pero que nunca lo perdonan los que te pagan el sueldo,
y mucho menos los que ya han sido succionados y son ‘tus viejos’.

Quiero decirte también
que el camino es largo,
que tal vez debas esforzarte no tanto,
sino apenas esforzarte en donde sabes que tienes los puntos más flacos:
que tu cepillo de dientes,
que tu billetera;
tu tiquete de viajes mas tu carretera; o tu entrada al templo y tu canción de Abril,
el estar enamorado y la sensación febril.

Yo hoy te canto, algo salido de mi torre de hierro.
Y quiero cantarte, pero sin Internet y sin televisión:
quiero que apagues esas feas luces de megapixeles,
¡añade más bien las de tu corazón!

Y cuando acabes de desafiar la noche
y digas ‘hasta la victoria’,
que un montón de estrellas te pertenezcan,
que no te pongas a pensar,
porque ahí, nunca habrá victoria.

Nada puedes hacer si de casualidad decides mamarte de tu elocuencia,
tu “transparencia”, tu “honestidad”:
¿estarás más cerca, tal vez, de dejar de ser tus profesores, de impresionar a los demás como si fueran tus padres?…
…¿dejar de comer migajas de amor?
Sin embargo puedes hacer con tus manos, lo que no con tu lengua:
haz mosaicos de tu corazón, hazle papelitos de amor a tu hígado y riñón…

…ama tu cuerpo, porque a él lo convertiste en la torre de hierro.
Y ya está bien, esos demonios ya no están, no te pueden dañar.

Puedes salir ya…