La cacería y la nueva brújula (Doce)

“Que sea grande el trayecto, pero que yo llegue”, pienso mientras mis zapatos cambian de cuero negro a tenis a zapatilla a mola a nada elegido. Una guía de concreto, ortogonal, con paredes que reboten el amor y el odio por igual… que bailar en ella no sea problema ni los ángulos con que besamos,

pregunta

frente a ojos que no sean de gatos pequeños.

Que sea manifestación de una nueva era, una en la que no hago casa dentro de una mujer sino que sus meteoritos me destruyan el casco y la pechera, para que yo sienta dónde va el techo, o el taller de herramientas, o donde mis huesos se tallen, que ya quiero llegar yo a las manos del que talla marfil yo el aire para que sonría al cruzar la puerta. Me quiero identificar como mineral conductor, porque yo también soy mineral y puedo ser cristal y comercio y escalpelo y billetera llena al viajar si tomo la oportunidad, en el momento que te alejas del televisor.

No quiero perder la belleza de los gestos blandos y minuciosos. No quiero perder palabras que sean dadas sin la densidad de la inercia al levantarse de otras camas. No quiero olvidar la enorme distancia entre endulzar las visitas a alguien con un brownie y querer estar contigo.

Que al fin y al cabo la última cucharada de azúcar no importa tanto como la última taza de la hierba seca suavemente convertida en té.
Suspensión de todas las creencias para avanzar en este sitio, los músculos leen en negativo porque las ratas de falsos hippies prefieren tres años más de descubrirse que ir a algún lado, ¿sabes?. Espacio, saber entregar desde primer semestre para no ser un pecho frío que si recibe más de un sueldo se le jode el radiotransmisor. Y si al final de ser pirata quedaba sólo esto,

qué tipo de bestia soy,

por qué me sabe la boca a gin tonic,

por qué España, pero viaje, o pared de en obra gris vuelta amarillo canario, porque salvar el mundo desde cuando tomo la maleta hasta cuando dejo ese libro, porque ahora sí se siente el dedo bajando por la pared cuando quiero largarme de la biblioteca a regañadientes. No sé si uno puede llegar a donde nunca hemos creído poder ir.
Mi baranda: yo diciendo que voy a ser lo organizado, como si el peso de mis ancestros, de sus venganzas tontas, me diera estructura ya. Mis manos, pequeñas y llenas de tinta y de líneas cortas, se aferran a la baranda. ¿Pero, sabiendo eso, son mías?

Los expulsé a todos de mi cuarto porque para mi fase final no necesito distracciones, y también,

porque aprendí a decir adiós antes de que un corazón ahumado me niegue.
Acá saludando al calor tibio bajo los pies, implacable y transparente. No toco a la gente que me dispara el gatillazo de lo que no fue tesis, o premio, o ganancia.

Te mido en grados, fuerza. Norte mexica, sur porteño, suroriente sanluisiano, el agua y Portugal, el beso y otro moverse, yo vuelvo a girar…

Anuncios

La Cacería y el picar mientras vas cocinando (Onceava Parte)

Recuerdo que decidí aprender a cocinar mientras las oleadas de dudas y gente enferma que había construido su casa
sobre arena y zombies,

sobre murallas de hordas y zombies,

se encontraban con la parte final del viaje: Fear The Walking Dead, Teme A Los Muertos que Caminan… sean 15 o 22 o 33 años, decídete a no ser comida de la ira,

a no comerte tu ira,

a no ser un viajero que sólo compra condimentos,

porque frita irás para el menú. Y a la cocina llegarás.
El aliento de las ideas andinas son frías, tienen ese vapor frío que sale de un puñado de tierra indomable al final de una camisa de botones. Son tan desplazamiento que se agarra con las uñas y genitales a como se ven acá las galaxias, tan coordenadas orgullosas pero poco peso planetario, tan tú cuando crees que esa hambre de poder no está en el chip central de tu computadora de carne.

Verbos como pelar, desgajar, desmenuzar y limpiar aplican tanto para los que siguen el baile de Buddha como para los que sostienen el peso de alimentar al futuro per se… la democracia perfecta está en aprender a cocinar, queridos tiranos de 50 años, no en los muslos de mujeres fantasmas que yuxtaponen a las que les hablan de vuelta, no hay boca tapada que cambie ese mal aliento del depredador.

Perdón. Soy cruel y lo lamento, sé que te dije que no jugarías solo, pero acá tengo que amasar una nave nueva y querido desconocido, no te puedo llevar conmigo, si no me voy a llevar esta ansiedad de no saber para quién copio recetas menos tendré espacio para tí; mi inercia me pide silbarte Amor y Control de Rubén Blades pero mi cuerpo exige limpiar las bandejas, los moldes de galletitas de monstruos y espadas, los vasos, para pintar mi lengua del color del camino.

Las palabras, soñé, salían de una mina que tenemos en nuestra boca: sigue jugando, masticando con paciencia.

¿Te huele a algo…?

Yo oigo el crack-crack del fuego fritando. Beat de batería de los 90. Esa, la voz ronca de la que amaste pero prometiste no hablarle de compartir techo. ¿Por qué compro más relaciones si esa memoria todavía me abre el universo?, ¿o estoy endiosando un tarro vacío de algo que ya no como porque no soy tan pequeño?

Cazar y exprimir limones sobre el plato ya no es abstracto para el hombre: es mi ancla, porque percibo cómo la hora pide que se llene la mesa. Besos flúor de ciudades que me cansé de aparentar amar, sepan que el tiempo de promocionar y facturar empieza, el tiempo de despedir acaba, lo sucio está y me propone enjabonar.

Aunados cuerpo y presencia, dolor o felicidad se teclean con calor… pero el tiempo no falla/no para/no calla/es Hora de Aventura, de ser Batman y comprarle la cosecha a la persona pero sin mandar al mayordomo por mi propia comida.

Lamento. No-espera. Diabetes progresiva. Arkanthos. La silla y la nevera. Dios Google para no olvidar el rostro.

El falso trono y el nombre de con quién quisiera partir pan desplegados como intersticio, como el intermedio dentro de mis tejidos entre abrir mi pensamiento y el bocado que otro da dentro de mí.

Es el espacio nuevo de un beso que.
Estoy palpitando como el abuelo con.
Estoy siendo testigo de.

¿Comparto?

 

 

•|Intermedio: Nómada busca materiales|•

La tierra.

Este intermedio de encierro para los que no tienen nada llega a su fin.

Comuna.

Érase una vez un grupo de tendones y músculos vacíos que no iban a ninguna parte. Cerveza y látex, manos y químico, calle o no calle, la cáscara rodeaba por todas partes a la persona que decía hay que ser hijos de puta, siembras un árbol en tu corazón y ellas se llevan la fruta.

Pero… ¿qué tanto se llevaron de tí?

Por un momento parecía que la historia era fija. Machitos, el corazón con costras de palabras pendientes, balsa de plomo en el estómago para hundirse lo más posible, como si todos reformáramos a deformes al mismo tiempo. Lo usual.

Pero, ¿qué tanto se amabay qué tanto odiaban tu ingenuidad?

Hay personas a las cuales es mejor decirles la verdad: que las amas aunque te hagan daño y aunque te destajen con sus exigencias para las que no estás listo. Y hay otras formas de verse en la ropa que doblas cuando las sonrisas ajenas ya no te rodean.

Cuando quieres casarte, pero no sabes si con la guitarra o con la culpa de acostarte con la persona equivocada. Y así.

Ansío esta parte y esta otra del silencio, para no tapar con colores metálicos lo que estalla mi mente. Sacar uno, dos, tres marcadores metálicos y resaltar en un poste ACÁ NO SE RINDE NADIE y saber que aunque otros le dieron la espalda al monte, que te podaron y se burlaron de no poder sacar fruto, tus miembros cortados por los dedos y las venas florecieron sobre cada pastito en taxonomía de esperanza que ni NatGeo ha identificado.

Mi casa ya no se siente lejana. Ahora está doblada dentro de mí, ahora es carretera y hablar de los hijos que no entendemos cómo tener, tan lejos de la vida de los padres y tan larga de secretos como las esquinas de pubs y casas convertidas en bares…

La tierra heredada por confiar en mi mano, decadencia o no.

Y con ella la memoria, dejar de decir adiós al amor o la escritura, comprender que los que gritan “loca” son hasta el borde miedo. Son como uñas aferrándose, pues la tormenta los escupe fuera del barco y no hay más que hacer.

La cacería cierra su ciclo y da paso a la construcción, con los huesos sobre la frente de mi puerta y un beso de astrónomo como secreto entre camaradas.

Quién o qué navegará de esa potestad, ya veremos. Por ahora, a comprar plantas faltantes y lavar cordones. Mañana, será riego. Y que los que no sepan volar, que sean succionados por las turbinas y pulverizados, que los ángeles necesitan polvo para sus pinturas de guerra.

Esa guerra llamada ‘volver, después de empuñar fusil y facturas, al colegio.’

La cacería y la flor en el páramo (Décima parte)

¿Para qué hijos forzados, si ya eres mi amor más grande?
Así, así, así, peludo y dulce es el cariño que brota de tu raíz. Cinco centímetros tuyos demoran años pero traen todo el agua que habrá de salvarme, a esta ciudad entera también.
Me caigo para arriba, borracho de amor por la música entre las estrellas.
Casa, cazar, cacería, columna, incólume todo encaja ya.
Tal vez no me iba a mover porque mis raíces venían de otro mundo, ¿ves?

Las alturas engendran en su frío un abrazo de libros.
Como… como si fueras justo mi no-holograma de amor y moverse lento.
Lindo carioca, bello Japón, largo beat caribe de la que usa corbatín.
Te debo un beso a cuadros rojoblanconegro, oportunidad, uno de gracia.

Mi vida la frené porque renuncié al piano: escalar es las sobras.
En la bestia de mi pecho encuentro la guía viajera, mi Deva.
Ahora… aclaro. No prefiero, pero ya sé que viene R’as Al Ghul y me patea el pecho mientras silba Tainted Love de Depeche Mode.
No puedo competir con la belleza de la roca, pero sí con los solsticios.

Y respiro y el pecho se entrelaza para girar los pulmones a tí.
“No soy bello, pero mis abrazos son esa pantera que libera tu domingo”.
Grito.
“Tengo miedo de esta soledad, Maestro, ¡esta distopía!”
“¡Buenos Aires y Nueva York, la sangre americana dispara cuarzo citrino amarillo, chicos, esta tierra será desierta!”
Grito.
“No soy noche, soy invocación, ¿cómo viene eso, Abuelas?”
“Soy 2 Espíritus, ¿me abrazas o dejas, hermana?”
“¿Dónde está el límite de la represión, madre?”
Grito.
“La calle, zombis bailan en ella y tragan flores sin masticarlas, padre”.
Gritos.

¿Tiemblas? ¡Como yo! Como yo también, que busco lo brillante.
Nunca has sido  de este planeta: el cielo tiene arcoiris que jamás dejas de ver.
Tú. Lo sabes.

Las hojas de plantas susurrándote un amor milenario, enorme.
Orografía. Bismuto. Padres de tierra para un corazón de agua. Decepción acumulada por maternidad y violencia por contención.
El jazz, diciéndome, que está lindo mirar lo triste y besar su frente. Arcturus. Casiopeia de Silvio Rodríguez.

Esos labios pequeños que querían besar el mundo entero, estelados ellos.
Tus manitos llenas de piel cobriza, arcilla de curas.
Esta forma malhecha de mucho cerebro, poco corazón, y paciencia con el cuerpo.
El que sonreía cuando papá hablaba de garajes y autos. Mi amor, roto en el corazón, ferocidad pequeña. Sí, tú.

En Colombia ser andino te enseñó, niño, que la gente tiene el alma árida y fría, el calor estalla bajo el miedo de no ser costumbrismo, si el arte no es control no vale la pena.
Ser tú, ser plegaria antes de dormir, antes de volver o ir,
la belleza es traslúcida pero los 80s la manchan de drama.
No más bytedroga amor, que las playas se llenaron de basura.

Yo abrazo mi tórax y suelto al viento mi hielo, el fuego me ha costado reunirlo para tí.
Tu cara… tatuada por la soledad de nacer hijo de medidas de destrucción nunca a medias.
Tu espalda, tatuada por el dolor de irrumpir al árbol creciendo.
Profesor brillante que no te equivocas, ¿puedes ver su voz ansiosa de brillar caliente en medio del páramo?
¿Lo oyes? Jadeo moreno, bello y delgado, ¿me oyes?
El niño sigue, la hormona muta, pero el niño está aquí.

Todo empieza cuando en este país, hecho de ramitas de todos los colores de un álbum de Pink Floyd
y el espectro que sale del prisma newtoniano,
nace una dulzura ámbar
disfrazada de ser humano.
Cuando al arcoiris lo intentas negar se va el agua, el cristal y el aire limpio. Solo el % de alcohol queda.
¿Esperamos?

La cacería y el enfriamiento de las estrellas (Novena Parte)

Me alejo de tí corto y en HD, por si todavía crees que no sé
qué esperar.
Estoy conociendo mareas rojas y aprendiendo que el afecto que nace en medio del hierro cuando este fluye da muchas almohadas que uno quiere usar en cada cuarto que le presentan,
¿ese tipo de afecto en que uno puede recostarse y lanzar los zapatos al suelo?
El abrazo de esos días de mar siempre huele a lavanda desvanecida, lo que había como agua suave es el olor que queda dentro de mis párpados…
Lo siento por lo que voy a tener que dejar atrás.
Las manos, ojos, excusas. Los ojos, filos, expansiones.
Las bocas arqueadas por sonreír a un desgaste similar al propio: hay que confiar, me repito, no soy parábola de nadie, me repito, la desesperación se huele de la gente brillante que no llora el no ser libre y prefieren cantar, indiferentes, contra qué tipo de poro deciden usar como gruta que han elegido.
Como han pasado tantas cosas últimamente, perdí mi voz propia. Esa que lleva a preguntar qué continúa, abraza, digiere. La gente y la noche se llenan de formas con pelo rojo, teñido, deformado por la impaciencia de no volver a comenzar donde pensábamos sino donde quedó este espacio.
Cazar ya no es abstracto: es mi ancla, percibo cómo el vórtex esta acá. Besos flúor de ciudades que me cansé de aparentar para serte propaganda…
el tiempo de promocionar empieza,
el tiempo de despedir acaba,
lo receptivo está y me propone.
Aunados cuerpo y presencia, el dolor o la felicidad se vuelven hiperrealistas… pero el tiempo no falla no para no calla es Hora de Aventura de ser adulto,
de ser comisión que no pagan, de ser Batman y caminar la espiral paralelos mas no juntos.
Lamento. No-espera. Diabetes progresiva. Arkanthos en Age of Mithology. La silla y la maña.
El falso trono y tu nombre desplegados como intersticio, como espacio intermedio entre mi pensamiento y el de otro.
Es el espacio nuevo de un beso que.
Estoy sonando como el anciano con.
Voy testigo de.

LA CACERÍA Y ROPA AZUL O ROSA O AZUL O… (OCTAVA PARTE)

Soy el espacio entre el amor que espera y la reproducción
que fuerza a un crédito Codensa.
No es que “no fuera algo”. No lo mostré nene. No lo mostré mamá…
¿qué, pensabas que ver como embalsamaste tu hormona no sumaba?

Yo no tenía paz hasta que empecé a dejar ser muy puta mi emoción y gritar como bebé cuando prueba dulces.
¿Tu piñón? Ñam, vianda pa’ mí es.

Odio. A esas. Reuniones. De whisky y Arturo Calle. Oliendo a falda castrada.
Y falocentrismo endosable.

Ex… hey, me descarrilaste. Compartí lo bello porque tú tienes doble filo y doble conector como yo: ya te ví la boca sin ropa, no aparentes…
Talento y fotos fáciles y ¡tómala!, que no tenemos amantes sino gente queriendo ser reporteros en nuestras almas y casas.
Vivir siendo la notificación de facebook de los miedos plegados a la almohada… mira…
¡yo camino con ira por tener que recortar mis caderas
porque temo más carcajadas! ¡No soy un museo!

Tengo un amor tostado al borde de la soledad porque no puedo decir cómo, no puedo estar con el que amo, el beat no me explayó profundamente, ¿a ver si captamos?

Perla, rojo, tambor. Te ves increíble uniendo fuerzas sobre el número automático de este junkie del pop que escribe.
Pixel, cuero, íntimos. Te ves alucinógena sonriendo al borde de un cielo interno pero no te amanece si dejas la luz prendida del celular.
¿Cuál de ustedes me dejará besar salientes en rostros guerreros sin formatearme, hacer malabar con mi pulso?
¿Sin preguntas clichesudas sobre estar en 1080 HD definido?
¿Sale caro eso chicas..? Ya es por dinero.
Dinero que siempre quise.
Y ahora visto no la quincena sino el ángulo con el cual me llega…

El dinero qué sentido tiene cuando el intercambio de huesitos devalúa el plantarse. Nueva York, Tokyo, Cleveland, Boston, Brasilia: me arde el cuerpo de cambio.
Estoy por fin dejando lo digital pero ahora estoy arrugado,
¿vendrás?
Estoy creciendo. Estoy siendo programado por pantallas y tengo 8 y 15 y 22 años, ellas me aman y no me juzgan qué tanto soy hombre o no para estar a su lado. Como querías, rockero y calle neopunkera, así niegues al reír.

Hice esto porque soy de cerrar las puntadas del amor, juntarlas para ver, por una fracción, la evolución de la vista a la plaza.
Tu espacio, mi celular, la alineación de los sueños de irnos…
yo estoy acá así, algo contraído,
sentado sobre El-Trono-Que-Fué-Varón,
esos supuestos que hay sobre lo que
es normal o no para ser más que un niño.

 

LA CACERÍA Y EL HEROÍSMO (SÉPTIMA PARTE)

Hay un momento, justo antes de volver a salir, que decidimos de forma unilateral sobre el color de lo que queremos en la memoria.
Rojo y negro.
Azul jean.
Oro.
Verde de licra y gasas o los distintos violetas de una corbata.
Blanco pergamino o gris pavimento con trazas de fluoresencia.

Los mejores de nosotros estamos habitando una tierra simultánea, bondad y emoción clara junto a sacrificio y sombra de otro planeta.
¿Te parece… raro?
Es una cuestión de velocidades y de qué tanto descansamos para poder seguir nuestras investigaciones, nuestros deseos de salvar el mundo, nuestra lucha contra la autocensura cuando pensamos que otros podrán tocar nuestras ideas y conocer esas manchas y poros abiertos donde nuestro pecho o costillas se calcificaron creando cementerios de elefantes.

Dialogar sin amor es vivir al borde de la escalera queriendo subir peldaños pero llenos de medicamentos los bolsillos. Y no se puede/no se puede/vivir del amor/decía un soldado romano a Dios, pero… ¿este tal Dios sí nos paga?

Fraccionados entre el horario y el pago, estamos entregados al final del fuego. Lo pordebajeamos a un cigarrillo, pero el plasma sigue siendo plasma, el olvido olvido, la ausencia compartimento de cuartos concéntricos al final de la escalera.
Matices, maricaditas de vagos para la Gente De Bien.

Entonces creamos este país desde las pupilas dilatadas, jugos raros que nos llevaban toda la sangre de los muslos hacia el infinito, o los ojos saltones por la pátina dura al final de una hilera blanca polvorosa, así como el aliento a vientre de moho que deja tramitar el lúpulo…

¿Y da miedo dar el salto a sembrar algo sano?

Digamos que sea cierto el que nuestro mejor lado esté a un día amargo de volverse el castigador. No sabría cuáles poderes le corresponden al clima y cuáles al corazón de los hombres. No encuentro qué seré.
Belleza.
Extinciones…