La flor del fuego y los ángulos

(Para M., que nunca ha sentido ese amor de vuelta.)

No sabía que era así pero hasta el día de hoy comprendo que los de mi tipo están hechos
para la concentración y no el cuidado
para la condensación y la equación y la inversión
y para animarse cada vez que hay un giro en el cielo sin importar
lo que pidan en la tierra.

Y aún así, por ello y con ello y porque el corazón se me revienta como un baúl de pirata viejo, roto por el intento que salgan esas estrellas que cayeron al mar y ya dejen de ser molusco,
es que estoy acá narrándole al espacio esto.

Cuando hablo de ella no hablo de que sea un objeto rígido, hecho a mí medida, hecho por mí medida, hecho para comprender algo complejo o ser analizado a mi antojo. No.
Hablo de que existí para ella,
pero para sus manos y su corazón de pajarito lastimado,
existí a pesar de ella,
los obsesionados con la casta existimos a pesar de ella
y tuvo que compartir el destino de ser horizontal y dos ideas
pero levantarse para encontrarse ser una idea y sacrificio
perpetuo.

Algunos días me muerde la culpa. Algunos días me muerde la culpa. Algunos días, me muerde la culpa.
Mi piel se está llenando de savia, está botando por todos los poros con nerviosismo esta humedad gruesa que es un aviso previo al cambio, mi piel sabe y me está contando las cicatrices que me dejan el que aterrizaran centellas y no estrellas ni merkabas entre pecho y espalda, mi piel sabe y comprende y por eso en ruta al cambio genético más fuerte que puedo tener

me reconozco parido, me reconozco engendrado,

pero me ausento de todo ello porque no sé cómo hacer esos dobleces de lazo y papel y sostenimiento sin darle un giro al mundo,
algo que ya sabíamos todos…

yo no quiero ser tutelaje que vive de morir soñando.

Ví cómo sostenía con sus manos pequeñas –porque ella tiene manos pequeñas y con manchitas, como los dragones de bronce bruñido de la dinastía Han- su pecho,
cómo lloraba sin parpadear,
cómo lloraba con los ojos plegados hacia las propias constelaciones dentro de su cabeza,
cómo se preguntaba y extrañaba de nuestro comportamiento salvaje.
Y qué me hubiera gustado a mí, qué más hubiera deseado decirle
que los hombres hacemos lo que hacemos porque buscamos un salto al infinito, que a diferencia de ustedes las mujeres no somos puertas,
no somos ventanas,
no tenemos en nuestras entrañas ese fuego que domina la esperanza de la diversidad de campanas,
no,
nosotros somos los que tomamos el sonido y brincamos hacia otras hazañas,
nosotros somos los que doblamos tiempos y espacios para aterrizar la magia,
nosotros sabemos que somos ionizadores, jamás seremos turbinas de energía
magnética
como lo son las mujeres que nos rodean.

Ambos los sabemos. Ambos sexos lo sospechamos desde el inicio de los tiempos y por eso existirá siempre la desconfianza y el derroche entre uno y otro.
El hombre es aire y el aire nunca estará conforme con hasta donde puede llegar, en qué palma de la mano puede tasarse, en qué oído rebota con desdén o con dulzura. El hombre no sabe qué es regeneración sin estudio y entrenamiento, no lo llevamos adentro, nos cuesta limpiarnos y vaciarnos. El hombre no es pionero solamente ni arquetipo de conquistador pero para ser útil, ha sido reducido a ello.

Y la mujer
la mujer nunca estará satisfecha… para ella es cantidad, para ella es calidad, para ella es más y más y más y más y administrarlo todo con mano de hierro, para ella y nada más que para ella es el ciclo y el lidiar en sangre como término de guerra,
pero para ella también es esa imposición de cumplir acuerdos sociales tan violenta.

El hombre se une a una mujer y la mujer se une a otro hombre y en ese intercambio de mareas y vientos, ¿qué queda?
El hombre se une a la mujer y la mujer se une al hombre y en ese choque de pensamientos, ¿qué sobra, qué queda, qué nos anida?

¿Qué le queda a un hombre más que desear su propia muerte y buscar excavar entre recepciones extrañas la soledad y la decadencia?
¿Qué le queda al hombre aparte de sostener para sí mismo la creencia de que lo que hace no es en vano, que tiene razón y tiene motivo para caminar,
que tiene razón y tiene motivo para caminar,
que puede encontrar para sí mismo un abrazo sin pasar por un río de neura?

Cuando un hombre besa y se une todo está bien, el ritmo de la piel es normal y de pronto no,
el ritmo de lo que está es tranquilo y de pronto no,
el abrazo de la mariposa está presente y todo es bello alejando cualquier sentido de proporción
de negación
de aislamiento.
Pero, ¿eso no era lo que me preguntabas, verdad pequeña?

Anoche soñé con el abandono y tenía el rostro de mi madre.
Me preguntaba algo con una intensidad entre quinientas y seiscientas veces.

Pero no tenía ninguna respuesta.
Mi mamá lloraba y decía “¿por qué, por qué nos dejan?, ¿por qué los hombres nos abandonan, por qué nos lanzan a la suerte, por qué nos dejan a la ribera mientras todavía hay que remar”?

Y entonces me acordé.

La flor del fuego y los planos

Círculos de plata, con una mente tan tóxica y cristalina como el bismuto, cerrada sobre sí misma anteriormente. Indeciso, la tomé y la sacudí y la puse sobre la alacena para poder dejarla correr hacia el presente.
Adquirió forma casi animal y casi humana… la que usted prefiera.
Tomó la esquina, corrió y miró hacia abajo para verse a sí misma corriendo como si el pavimento fuera cristal de vitrina hacia otra dimensión. Todas las líneas de las botas, el ángulo de los músculos de las piernas, las metáforas que ya no son tales sino emisiones de taquiones, imágenes de valor y confianza vuelta sombra… todo eso mientras ahora hay un lanzamiento imberbe, ¡una conexión limpia que quiere tocarlo todo y volver a sentirse en nitidez claro con las coordenadas!

La falta de esperanza y de potencia son para los que no habitan la casa de mi padre. Como en el cuento del minotauro escrito por cierto argentino, las puertas parecen miles y el visitante llega a nuestro sitio pensándonos monstruosos.
Fieros. Inclusive, caníbales.
Pero el paso de las habitaciones y el eco que regresa de las mismas centuplicado separa el parpadeo de las masas, separa el empaste de la proyección, y conecta los vértices, generando sucesivamente distancias donde las palabras espera, altura, disuelve, autoridad y ebullición corren al encuentro del que, haga lo que haga, dará nueva forma y vida al espacio. Aún, si me trae muerte como arrendatario.

¿Dónde está mi nueva casa?

Huyendo. Corriendo. Se teje una nueva forma de cable, lo que se conecta a sí mismo está habitado por el color de la plata.
Indeciso.
Abandonado.
La sensación entre la punta de los dedos hace que los pies emitan una corriente y de pronto estamos de nuevo reescribiendo historias derrochando hormonas, como cuando la pila no estaba tan desgastada, como cuando no habíamos definido nada, como cuando habitamos y nos redimensionamos
sin estar esperando nada más que la siguiente oleada.
El estado de cristal no se pierde, pero sí se empaña…

¿Dónde está mi nueva casa?

Abrir las mañanas ya no depende de ninguna persona sino de sí mismo; la piel es nueva, dentro del abecedario compuesto quedan algunos retazos de pensamientos de Borges o de Deleuze. Quedan las impresiones sobre la Narración Oficial -así, con pompa-. Pero se revuelve el alma y salta de piedra en piedra, indecisa, abandonando a una velocidad pasmosa lo que se había comentado como cultura y como imposibilidad de replanteamiento durante la infancia.
Seamos fieles a nuestra furia, clavémosle espadas siendo héroes y reconociendo villanos.

¿Dónde está mi nueva casa?

El llegar a una cita y estar desfasado, el habitar sueños dentro de sueños que contienen claves, el sentir que hay un abrazo por alguna razón dilatado, por algún motivo cohibido y cerrado en su acceso al público; el taconeo que se pierde en la sombra de haber nacido perteneciendo a una capa construída por autos e idiomas de otras pieles… agite, temblor, duda, por no saber si eso es lo que nos abraza el día como un pulpo o como una flor de diente de león…

¿Dónde está mi nueva casa?

Coros, corifeos, me enseñaron la lengua bastardeada de una nación que nunca he conocido en mi vida -que no sé si conozca-, me enseñaron a dilatar esperanzas de libertad escribiendo con sus versos, ¿cuál es mi ritmo?, ¿cuál es mi ritmo?, ¿qué se alberga a la mitad de la mañana para mí, para los que viajan?

¿Dónde está mi nueva casa?

Surrealismo, Francia y España como amigas, mujeres de trajes cortos y curvas desgastantes, todo el calor de marquesina, la amplificación de lo sembrado en macetas hace 40 años.
Replantearse la relación entre lo lúbrico y el borde aparente de uno mismo es una nueva forma de estallar… ser flor de cactus en animación lenta.

¿Dónde está mi nueva casa?

Porque parece que soy, en algo, mi nueva casa.

La flor del fuego y sus distancias

¿Quién me mira al espejo? ¿Es el prototipo de hombre, es el amante desilusionado, es el hombre joven que se deshoja y revela cristales, o es el animal recodificado que no puede estar más acá e impacientemente me patea mazo en mano la escala?

Yo abrí la hornacina y de mi interior emergieron sin parar oleadas de ácido, de pérdida, de misterio y mística. Yo abrí la forja y siento cómo la escoria acumulada me ha sido vaciada, la mano se ha vuelto franca, la disposición segura, una tranquilidad fastidiosamente empoderante hace que acá y ahora me sienta cocreador de avispas, ¿a qué hora yo gané esta mano, mezcla de seguridad obrera y dictamen de orquesta?
¿Cómo te explico que el olor a serotonina quemado me da más asco ahora que la ausencia de tonos en la ropa de alguien? ¿Se puede equiparar?
La calle, la calle, se supone que la calle iba a enseñarme, se supone que mi problema era no tener experiencia, se supone que la calle contenía los besos y la vida que había perdido… pero, ¿qué tipo de calle?, ¿qué tipo de alfabetización percibo cuando leo esta ambientación rojo mate, cuando se me vuelve extraña la habitación por donde se mueve y sirve un café este tipo con un viaje pálido, de ira genérica, de poros de concreto que a ningún lado han ido habitando?
Y la calle.

La luz día llena mis ojos. No reemplazo una cosa por otra, el objeto es objeto y la mano es mano y todo es terriblemente sólido y sencillo a la vez, ‘no es fascinante’ -me repito en mi interior para apaciguar- ‘no es fascinante, no eras explorador sino turista, ¿será que le has robado la fantasía al mundo?, ¿mataste la poesía de todo un golpe o sólo hasta ahora te das cuenta de lo seco y ausente de limpieza que era tu estela?’
¿Cómo son las luces? Las luces ahora son cercanas. Añorándolas, se excavó dentro de la oscuridad para hallar miles de hongos luminosos que las reemplazaran. Pero alguien halló el interruptor en el cielo, ¡no sabía que había uno!
Antes del fuego, la caverna cerrada.

No se piensa y ejecuta de acuerdo a desbaratar una regla, es más, la regla se comprende como métrica y se mira hacia adentro, se observa la gran Rueda de la que emana la velocidad que habitamos los que vamos más veloces,
todo el mismísimo día. Es más, existe cierta capacidad de admirar la regla.
Los leños que acumulamos tú y yo durante tiempos, esa obsesión con el paso de los momentos y con que cada vez que nos encontráramos fuera espectacular, la ansiedad infinitesimal de perderse cada segundo y momento porque algo no era suficientemente eléctrico, ha desvanecido entre el color de un nuevo viento.
Nada me calma la sensación de estar, por vez primera, satisfecho.
Y ahora.
Cuando pensaba en proyectarte algo, me desvanecía en silencio. Decía “qué lindo” y “qué posible” y “qué ausente esto”.
Las botas del chico latino queriendo ser estadounidense están dando paso a un pie desnudo más resistente que el huarache de los poderosos yaquis, más azul que los ojos mixtos de los señores kichwas en La Paz. Sí, la mezcla es así de fuerte y se ufana de sí misma.

¿Qué está ahora siendo, que conservo la misma fuerza, pero hay distinta brújula?
Definiendo cada mañana, mi estómago se llenaba de esferas llenas cada una de una frase como no me olvides o eres igual a él o ellas son la razón de vivir o si no la controlas no la amas o pásame una cerveza más para darle sentido.
Era esta sensación de tener el flujo sempiterno, sin interrumpir.

Ahora…

Gotas al azar sobre un tapete de musgo seco.
Era una mano que sostiene una copa, era una mano que ya ha bebido demasiado.
Los sentimientos se mezclaban de una forma libre y arrojada. Salvajes, todas las formas de la creación se peleaban entre sí mutando de forma para poder ser arrojadas al mundo exterior como un marasmo, como una roca, como algo sin definir y sin bordeslímitesrespiracióntemblor centrado.
Antes del fuego había una ausencia de secuencialidad.

Pero ahora…

Hasta las mismas formas de las letras me hablaban con una cadencia y una admiración, una impertinencia digna de un manicomio con locos bellos, tranquis, compartimentalizados y sin embargo con estructura de mangle.
La vida era el roce de esta y esta textura. La ropa, el detalle de admirar donde se incrustaban metáforas.
Antes del fuego, sólo había agua.

A dos días de la entrega

No todo lo que se dice es un rant, un reclamo. No todo lo que no se dice es un reclamo. No todo lo que se pronuncia y enuncia con sarcasmo es un reclamo. No todo lo que se habla sobre futuro será real cuando no sea reclamo. No todo lo que se escribe sobre cambio es sobre ser adolescente y es un reclamo. No todo lo que se propone como cambio es evadir la edad, es un reclamo. No todo lo que dice Malena Pichot o pensaba Tony Stark en los comics era palabra de Dios, era un reclamo. No todo lo que suena en mi cabeza son propagandas de los ochentas y noventas, no, no todo son reclamos. No todos los dedos son inútiles si no están tocando el brocado de una lencería made in China, no son reclamos. No todos mis pies pueden ser independientes entre sí de mis hombros y manos, pero no-no-no, no son un reclamo. No todos los bebés merecen vivir y no todos los que viven merecen una oportunidad en este cielo… decirlo no son, no son reclamos. Leer a Clarice Lispector y estar de acuerdo con Paul Freire y amar a las mujeres que danzaron con lobos tatuados al filo del punk no son reclamos. Oír los amores truncados de la amistad que no fue contigo no son reclamos, es B. B. King + Tracy Chapman diciéndome the thrill, the thrill is gone. Si te escribo y me dejás en visto y no me contestas porque piensas, en el fondo, que eres mejor que yo y que estoy desesperado por conectarme en 2.0 mientras en 1.0 no hay con quién, está bien, sé que no es reclamo. Si no puedes respirar aunque haya amor sobre la mesa, está bien, sé que no es reclamo. Si tienes la piel dorada por el amor del Caribe pero te enamoraste de la tierra de otro país y te pudo más ese amor que pensar si eres clase media alta o no, está bien, sé que no es reclamo. Si piensas que estás monopolizándome el afecto al no contestar cuando te escribo, aún sabiendo que entre las palabras y las líneas del cuerpo hechas dibujo nos habremos de encontrar, está bien, sé que no es reclamo.

No todo lo escrito largo es reclamo.

Yo te grito y te escupo de mi pared estomacal con diente y todo, yo soy Juanita DientesVerdes y dos de Molotov mientras lo paramilitar se tatúa en la frente,

pero acá estoy

comiendo chocolate

y volviendo. Y quedándome. Y viniéndome.

¿Y eso que juzgaste locura? Y, era pura gramática y fragmentación -según la RAE-.

Y te lo pierdes.

(Des)conciertos

Si me dan a elegir entre los dos, no puedo, estoy seguro que tengo que llevar mi pericardio y mi estómago al ebanista.

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Estoy cada día con una batalla interna entre mis sangres y no quiero oírlas, pero me susurran al oído con megáfono que las ame y respete,
pero ya no entiendo a veces lo que dicen. No sé cómo compaginar
el deseo de correr
y el saber de correr
con la tendencia a caminar
y esas rutitas de turista nipón que me sugieren por vida.

Estoy habitando el sitio que hay entre dos.

Estoy habitando el hogar que hay entre los dos.

http://coub.com/view/43ktt

Tengo miedo a que mis cables se acaben de romper y,
girando en caída,
nunca recupere mi silencio y naranja cálido.
Tengo miedo de que tenga que hablar en clave
o de vivir encriptado
mientras las noches se extienden y un fuego de color plomo se extiende desde Europa
vertido en los vasos de lo zombie no hecho zombie.
Tengo miedo de la familia, el hogar y la propiedad privada,
castradoras de hombres y asesinos energéticos de mujeres,
entes comercializadores de sanación que al menor resquicio se quitan la máscara
y supuran
arrogancia
ambición
tenacidad
intolerancia.
Tengo miedo de la mano que se dice sanadora pero no entiende hasta dónde está seca su alma.

Tengo temor. Terror. Asalto a mano desalmada de una figura con alas a la puerta de un bar.
El cielo se repliega pero tú no.
El cielo se conmueve, pero tú no.
El cielo está palpitando, cayendo, abriendo cada día cortinas por las cuales se ve lo que el Hubble llama “casa”,
¿dónde está el telescopio y la cena abierta y cálida y la risa y la comunión?
¿Dónde están los que ven las estrellas?

Estoy esperando, silente, a que la llama se quede quieta. Estoy buscando que se desarrolle, mute, cambie,
que me de un giro y un poco de prado, por Dios,
ya que necesito la comprensión profunda
pero no, me arroja al fuego todo tipo de tierras y giro en locura
cristalizando y cristalizando y cristalizando
en pocos minutos hago que surjan los colores
pero estos se quedan horriblemente quietos.

http://coub.com/view/5xtba

El fuego, el fuego, el fuego me envuelve todo.
Silentes, todos los otros pensamientos han sido lanzados de forma descocada…
como ir a la casa que no era una casa sino un sitio de neo celtas
como caminar las cuadras y pasar del alcoholismo a la cavilación a la contemplación eterna
como sentir una flor iridiscente derramarse desde el ombligo que no para de alimentarse, moverse,
exigir cosechas
como perderse entre las calles porque no hay color en sí mismo emergiendo del esternón
como sentir que ha surgido el número serial que todos llevamos adentro pero no encaramos.

Siento el grito de las dos sangres y el completo abandono a su conversación…

La flor del fuego y sus tiempos

DIA
Acá estoy al filo.
Sí, se están acabando las horas, estoy dejando que me carcoma el tiempo. Pero, ¿es que no ves lo que está pasando?
Me estoy moviendo en automático, desprendiéndome en automático, luchando en automático,
y se supone que en estos momentos habría algún tipo de sonido, de opertura Eroica de fondo, de adquisición
definida
mas lo que huelo son cielos y unas mañanas sin parpadear.

Estoy acá intentando decirte que puedo hablar de corrido sin resbalarme
poseyendo todo tipo de sombras, tonalidades, pensiones y pesos,
algo dentro de mí dejó de enumerar las cosas y empezó a bañarse en sus huecos, porque
todos los poros ahora son pozos
con distintas nubes cayendo y abriéndose hacia mí
ionizando mi memoria de los pasillos y andenes hacia un techo de cristal que avanzo
y al tocar
paso a otra sala. Prendo la luz y sueño con cigarrillos, me duermo y despierto pensando en amores de adolescencia, el planteamiento ya está hecho.

TARDE
Un día, cuando era pequeño, dibujé con mi dedo sobre el pavimento la sombra de una flor y una abeja. Aunque me hice un poco de daño, recuperé rápidamente la sensación de suavidad de una piel con pocos desgastes. Pero eso, a eso, no se parece el hoy.
Tengo que evadir las puertas, tengo que evadir las cuerdas, necesito pasar a través de todo tipo de memorias para no tener que amarrarme las mañanas y los codos con el dolor de personas ya viejas que no pueden ser sino estructura de soporte de los cuerpos más blandos… aceptémoslo, esto de la autopromoción es como una carrera por ver quién se vuelve el esqueleto más brillante. Y un coral se puede ver lindo, pero solamente cuando no es una masa calcificada desnuda, como hueso mordido al jirón.
Por estos días el crepúsculo me da un tipo distinto de hambre. Mi hogar es la cacería, mi familia fábrica de latas para automóviles, mis ciudades amadas cascarones vacíos rellenos de larvitas de luz que no liberan su ansia y niegan un olor que no sea a un metálico invivible.

En este tono intermedio, no hay pájaros, hay sobrevivientes con alas.

NOCHE
A pesar del ruido en las luces eléctricas de la ciudad y los animales asustados, miré al cielo y sentí las estrellas.

Estoy moviendo con mis gestos el ritmo de tiempos pasados. ¿Sabía yo que cada forma de cada letra dice algo de mi sangre, tendón, nervio y hormona? Ni idea. Pero ahora puedo saberlo. Ahora puedo… ahora, quiero conocerlo.
Abrí un espacio en la mitad del tiempo, quemé los álbumes de fotos, sacrifiqué y rompí las líneas oscuras y de un sólo golpe surgió con delirio y fuerza no el Baphomet, sino el mapa que Metatron le dejó a los navegantes (de forma muy elegante) en el Cielo y en el Interno.

Metí los dedos en lo profundo de mi miedo y desaté con toda la fuerza de mis articulaciones las exigencias del mundo de los vivos, comiendo voces de muertos. Entregué el azur, la nobleza, la piel de la primera sangre (que si te dijera su inicio me considerarías loco) y el sacrificio de los que movían cristales acá y en el Tibet, dejé que todo reposara.
Lo batí dentro de mi mano y lo hice estallar en la memoria hasta 19 años menos.
Desafié, pero ahora no sé cómo bailo. Bailo un paso cada vez menos tímido, pero no hay espacio en aquellos que no tienen Memorias del Fuego, no vitupero lo que ha pasado pero no puedo negar su existencia. Y ahora estoy acá, sobrio pero con alma de borracho, entregado a la actividad frenética.

La llama era un grito contenido y un señor del fuego con sus ojos de perla ardiendo, se sentía como todas las imágenes que he visto de tigres libres, sabía como sabe el beso sobre la cabeza de cualquier mujer que corra todas las mañanas en su bicicleta, la llama eran discos de sol sin alinear sobre una cartulina y había que dignificarla, la llama eran los muslos firmes y amplios (blanquísimos) tejidos de nervios, vanidad, de misticismo que da soporte.

La llama era ámbar y amarilla y no tenía forma de expandirse, pero metí mis dedos dentro de ella y lo que encontré fue un desafío, un enigma y un estallido.

La llama se había caído.
Manchado.
Perdido.
La llama volvió y con fuerza.

Ionized sidewalks

Burn with the moment!
Lay down with the moment, let the moment ride you!
Oh,
sweetest of despairs and concrete corners,
I’m not trying to emulate the life of a movie from a place
I don’t even recall having a sunset…

I am, however, trying to understand how much of the moonlight I can get
without being burned out by her powerful kisses.

Like, I feel thrilled because I fear I’m dying
So I want to ask quickly
if the Center of the Universe can hear me
if it wants the skins to hold each other without strangling each other
and how many times he had to try until he got the scarab and the jeweled humming bird right
and how many times he gave me the blessing and curse
of speaking tongues
so many tongues
because the face of those before me spread fast like a bullhorn rally cry
through my temples
and I can’t give myself into fighting it
when I fear that the chain I broke was the one that kept me knowing East from South
all the mornings of my life.

I fear the birds inside my heart
the drums
spikes
leather kisses and ripped underwear
I fear the butterflies that come, kiss, explode in my hand and turn again into lilacs.

I have to be careful though, drip by drip and drop on tongues, everyday I feel the grasp slipping
Will I be strong enough?
Can I power through them lies, come to the other side,
advocate for the real hardcore wood inside the atoms in my eye?
I’m feeling, yes, like a wooden puppet,
surrounded by forces ten times, twenty times, fifty times stronger than me, fiercer,
faster,
and one tiny hand to understand and grasp
and fire within me exploding,
I feel like a star combusting but I haven’t even reached the top of it’s potential.

Canvas and table, maiming and teeth falling
possible drug stores full of the things I miss the most,
as is the green that feeds my paranoia
as, the blue sky in which I used to walk when I believed in the coming of fairness
as in, the powerglove that clothes the hand of those who haven’t given in.

My hands, my feet, my ribs are not enough
to conquer and be conquered
to say goodbye and say hello
I need to meet God this days so he can hold the edge of the papers in which I’ve been drawn.

I try to stay ahead, to bring my light instead of the shadows
but the pressing continues and the throat demands fresh sunlight to keep on working.
Response, ability.

Does it even matter?