•|Intermedio: Nómada busca materiales|•

La tierra.

Este intermedio de encierro para los que no tienen nada llega a su fin.

Comuna.

Érase una vez un grupo de tendones y músculos vacíos que no iban a ninguna parte. Cerveza y látex, manos y químico, calle o no calle, la cáscara rodeaba por todas partes a la persona que decía hay que ser hijos de puta, siembras un árbol en tu corazón y ellas se llevan la fruta.

Pero… ¿qué tanto se llevaron de tí?

Por un momento parecía que la historia era fija. Machitos, el corazón con costras de palabras pendientes, balsa de plomo en el estómago para hundirse lo más posible, como si todos reformáramos a deformes al mismo tiempo. Lo usual.

Pero, ¿qué tanto se amabay qué tanto odiaban tu ingenuidad?

Hay personas a las cuales es mejor decirles la verdad: que las amas aunque te hagan daño y aunque te destajen con sus exigencias para las que no estás listo. Y hay otras formas de verse en la ropa que doblas cuando las sonrisas ajenas ya no te rodean.

Cuando quieres casarte, pero no sabes si con la guitarra o con la culpa de acostarte con la persona equivocada. Y así.

Ansío esta parte y esta otra del silencio, para no tapar con colores metálicos lo que estalla mi mente. Sacar uno, dos, tres marcadores metálicos y resaltar en un poste ACÁ NO SE RINDE NADIE y saber que aunque otros le dieron la espalda al monte, que te podaron y se burlaron de no poder sacar fruto, tus miembros cortados por los dedos y las venas florecieron sobre cada pastito en taxonomía de esperanza que ni NatGeo ha identificado.

Mi casa ya no se siente lejana. Ahora está doblada dentro de mí, ahora es carretera y hablar de los hijos que no entendemos cómo tener, tan lejos de la vida de los padres y tan larga de secretos como las esquinas de pubs y casas convertidas en bares…

La tierra heredada por confiar en mi mano, decadencia o no.

Y con ella la memoria, dejar de decir adiós al amor o la escritura, comprender que los que gritan “loca” son hasta el borde miedo. Son como uñas aferrándose, pues la tormenta los escupe fuera del barco y no hay más que hacer.

La cacería cierra su ciclo y da paso a la construcción, con los huesos sobre la frente de mi puerta y un beso de astrónomo como secreto entre camaradas.

Quién o qué navegará de esa potestad, ya veremos. Por ahora, a comprar plantas faltantes y lavar cordones. Mañana, será riego. Y que los que no sepan volar, que sean succionados por las turbinas y pulverizados, que los ángeles necesitan polvo para sus pinturas de guerra.

Esa guerra llamada ‘volver, después de empuñar fusil y facturas, al colegio.’

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La cacería y la flor en el páramo (Décima parte)

¿Para qué hijos forzados, si ya eres mi amor más grande?
Así, así, así, peludo y dulce es el cariño que brota de tu raíz. Cinco centímetros tuyos demoran años pero traen todo el agua que habrá de salvarme, a esta ciudad entera también.
Me caigo para arriba, borracho de amor por la música entre las estrellas.
Casa, cazar, cacería, columna, incólume todo encaja ya.
Tal vez no me iba a mover porque mis raíces venían de otro mundo, ¿ves?

Las alturas engendran en su frío un abrazo de libros.
Como… como si fueras justo mi no-holograma de amor y moverse lento.
Lindo carioca, bello Japón, largo beat caribe de la que usa corbatín.
Te debo un beso a cuadros rojoblanconegro, oportunidad, uno de gracia.

Mi vida la frené porque renuncié al piano: escalar es las sobras.
En la bestia de mi pecho encuentro la guía viajera, mi Deva.
Ahora… aclaro. No prefiero, pero ya sé que viene R’as Al Ghul y me patea el pecho mientras silba Tainted Love de Depeche Mode.
No puedo competir con la belleza de la roca, pero sí con los solsticios.

Y respiro y el pecho se entrelaza para girar los pulmones a tí.
“No soy bello, pero mis abrazos son esa pantera que libera tu domingo”.
Grito.
“Tengo miedo de esta soledad, Maestro, ¡esta distopía!”
“¡Buenos Aires y Nueva York, la sangre americana dispara cuarzo citrino amarillo, chicos, esta tierra será desierta!”
Grito.
“No soy noche, soy invocación, ¿cómo viene eso, Abuelas?”
“Soy 2 Espíritus, ¿me abrazas o dejas, hermana?”
“¿Dónde está el límite de la represión, madre?”
Grito.
“La calle, zombis bailan en ella y tragan flores sin masticarlas, padre”.
Gritos.

¿Tiemblas? ¡Como yo! Como yo también, que busco lo brillante.
Nunca has sido  de este planeta: el cielo tiene arcoiris que jamás dejas de ver.
Tú. Lo sabes.

Las hojas de plantas susurrándote un amor milenario, enorme.
Orografía. Bismuto. Padres de tierra para un corazón de agua. Decepción acumulada por maternidad y violencia por contención.
El jazz, diciéndome, que está lindo mirar lo triste y besar su frente. Arcturus. Casiopeia de Silvio Rodríguez.

Esos labios pequeños que querían besar el mundo entero, estelados ellos.
Tus manitos llenas de piel cobriza, arcilla de curas.
Esta forma malhecha de mucho cerebro, poco corazón, y paciencia con el cuerpo.
El que sonreía cuando papá hablaba de garajes y autos. Mi amor, roto en el corazón, ferocidad pequeña. Sí, tú.

En Colombia ser andino te enseñó, niño, que la gente tiene el alma árida y fría, el calor estalla bajo el miedo de no ser costumbrismo, si el arte no es control no vale la pena.
Ser tú, ser plegaria antes de dormir, antes de volver o ir,
la belleza es traslúcida pero los 80s la manchan de drama.
No más bytedroga amor, que las playas se llenaron de basura.

Yo abrazo mi tórax y suelto al viento mi hielo, el fuego me ha costado reunirlo para tí.
Tu cara… tatuada por la soledad de nacer hijo de medidas de destrucción nunca a medias.
Tu espalda, tatuada por el dolor de irrumpir al árbol creciendo.
Profesor brillante que no te equivocas, ¿puedes ver su voz ansiosa de brillar caliente en medio del páramo?
¿Lo oyes? Jadeo moreno, bello y delgado, ¿me oyes?
El niño sigue, la hormona muta, pero el niño está aquí.

Todo empieza cuando en este país, hecho de ramitas de todos los colores de un álbum de Pink Floyd
y el espectro que sale del prisma newtoniano,
nace una dulzura ámbar
disfrazada de ser humano.
Cuando al arcoiris lo intentas negar se va el agua, el cristal y el aire limpio. Solo el % de alcohol queda.
¿Esperamos?

La cacería y el enfriamiento de las estrellas (Novena Parte)

Me alejo de tí corto y en HD, por si todavía crees que no sé
qué esperar.
Estoy conociendo mareas rojas y aprendiendo que el afecto que nace en medio del hierro cuando este fluye da muchas almohadas que uno quiere usar en cada cuarto que le presentan,
¿ese tipo de afecto en que uno puede recostarse y lanzar los zapatos al suelo?
El abrazo de esos días de mar siempre huele a lavanda desvanecida, lo que había como agua suave es el olor que queda dentro de mis párpados…
Lo siento por lo que voy a tener que dejar atrás.
Las manos, ojos, excusas. Los ojos, filos, expansiones.
Las bocas arqueadas por sonreír a un desgaste similar al propio: hay que confiar, me repito, no soy parábola de nadie, me repito, la desesperación se huele de la gente brillante que no llora el no ser libre y prefieren cantar, indiferentes, contra qué tipo de poro deciden usar como gruta que han elegido.
Como han pasado tantas cosas últimamente, perdí mi voz propia. Esa que lleva a preguntar qué continúa, abraza, digiere. La gente y la noche se llenan de formas con pelo rojo, teñido, deformado por la impaciencia de no volver a comenzar donde pensábamos sino donde quedó este espacio.
Cazar ya no es abstracto: es mi ancla, percibo cómo el vórtex esta acá. Besos flúor de ciudades que me cansé de aparentar para serte propaganda…
el tiempo de promocionar empieza,
el tiempo de despedir acaba,
lo receptivo está y me propone.
Aunados cuerpo y presencia, el dolor o la felicidad se vuelven hiperrealistas… pero el tiempo no falla no para no calla es Hora de Aventura de ser adulto,
de ser comisión que no pagan, de ser Batman y caminar la espiral paralelos mas no juntos.
Lamento. No-espera. Diabetes progresiva. Arkanthos en Age of Mithology. La silla y la maña.
El falso trono y tu nombre desplegados como intersticio, como espacio intermedio entre mi pensamiento y el de otro.
Es el espacio nuevo de un beso que.
Estoy sonando como el anciano con.
Voy testigo de.

LA CACERÍA Y ROPA AZUL O ROSA O AZUL O… (OCTAVA PARTE)

Soy el espacio entre el amor que espera y la reproducción
que fuerza a un crédito Codensa.
No es que “no fuera algo”. No lo mostré nene. No lo mostré mamá…
¿qué, pensabas que ver como embalsamaste tu hormona no sumaba?

Yo no tenía paz hasta que empecé a dejar ser muy puta mi emoción y gritar como bebé cuando prueba dulces.
¿Tu piñón? Ñam, vianda pa’ mí es.

Odio. A esas. Reuniones. De whisky y Arturo Calle. Oliendo a falda castrada.
Y falocentrismo endosable.

Ex… hey, me descarrilaste. Compartí lo bello porque tú tienes doble filo y doble conector como yo: ya te ví la boca sin ropa, no aparentes…
Talento y fotos fáciles y ¡tómala!, que no tenemos amantes sino gente queriendo ser reporteros en nuestras almas y casas.
Vivir siendo la notificación de facebook de los miedos plegados a la almohada… mira…
¡yo camino con ira por tener que recortar mis caderas
porque temo más carcajadas! ¡No soy un museo!

Tengo un amor tostado al borde de la soledad porque no puedo decir cómo, no puedo estar con el que amo, el beat no me explayó profundamente, ¿a ver si captamos?

Perla, rojo, tambor. Te ves increíble uniendo fuerzas sobre el número automático de este junkie del pop que escribe.
Pixel, cuero, íntimos. Te ves alucinógena sonriendo al borde de un cielo interno pero no te amanece si dejas la luz prendida del celular.
¿Cuál de ustedes me dejará besar salientes en rostros guerreros sin formatearme, hacer malabar con mi pulso?
¿Sin preguntas clichesudas sobre estar en 1080 HD definido?
¿Sale caro eso chicas..? Ya es por dinero.
Dinero que siempre quise.
Y ahora visto no la quincena sino el ángulo con el cual me llega…

El dinero qué sentido tiene cuando el intercambio de huesitos devalúa el plantarse. Nueva York, Tokyo, Cleveland, Boston, Brasilia: me arde el cuerpo de cambio.
Estoy por fin dejando lo digital pero ahora estoy arrugado,
¿vendrás?
Estoy creciendo. Estoy siendo programado por pantallas y tengo 8 y 15 y 22 años, ellas me aman y no me juzgan qué tanto soy hombre o no para estar a su lado. Como querías, rockero y calle neopunkera, así niegues al reír.

Hice esto porque soy de cerrar las puntadas del amor, juntarlas para ver, por una fracción, la evolución de la vista a la plaza.
Tu espacio, mi celular, la alineación de los sueños de irnos…
yo estoy acá así, algo contraído,
sentado sobre El-Trono-Que-Fué-Varón,
esos supuestos que hay sobre lo que
es normal o no para ser más que un niño.

 

LA CACERÍA Y EL HEROÍSMO (SÉPTIMA PARTE)

Hay un momento, justo antes de volver a salir, que decidimos de forma unilateral sobre el color de lo que queremos en la memoria.
Rojo y negro.
Azul jean.
Oro.
Verde de licra y gasas o los distintos violetas de una corbata.
Blanco pergamino o gris pavimento con trazas de fluoresencia.

Los mejores de nosotros estamos habitando una tierra simultánea, bondad y emoción clara junto a sacrificio y sombra de otro planeta.
¿Te parece… raro?
Es una cuestión de velocidades y de qué tanto descansamos para poder seguir nuestras investigaciones, nuestros deseos de salvar el mundo, nuestra lucha contra la autocensura cuando pensamos que otros podrán tocar nuestras ideas y conocer esas manchas y poros abiertos donde nuestro pecho o costillas se calcificaron creando cementerios de elefantes.

Dialogar sin amor es vivir al borde de la escalera queriendo subir peldaños pero llenos de medicamentos los bolsillos. Y no se puede/no se puede/vivir del amor/decía un soldado romano a Dios, pero… ¿este tal Dios sí nos paga?

Fraccionados entre el horario y el pago, estamos entregados al final del fuego. Lo pordebajeamos a un cigarrillo, pero el plasma sigue siendo plasma, el olvido olvido, la ausencia compartimento de cuartos concéntricos al final de la escalera.
Matices, maricaditas de vagos para la Gente De Bien.

Entonces creamos este país desde las pupilas dilatadas, jugos raros que nos llevaban toda la sangre de los muslos hacia el infinito, o los ojos saltones por la pátina dura al final de una hilera blanca polvorosa, así como el aliento a vientre de moho que deja tramitar el lúpulo…

¿Y da miedo dar el salto a sembrar algo sano?

Digamos que sea cierto el que nuestro mejor lado esté a un día amargo de volverse el castigador. No sabría cuáles poderes le corresponden al clima y cuáles al corazón de los hombres. No encuentro qué seré.
Belleza.
Extinciones…

LA CACERÍA VS LAS MANOS CON SESENTA MAYOS ENCIMA (SEXTA PARTE)

Nadie viene aquí a salvar el alma: es más, todos tenemos el alma cariada y así está perfecto el peso del amor.

Bailamos contra la madera porque bailar contra el cuerpo de alguien más te puede infectar. No sé, de ilusiones, de bajar la guardia en esta hambre voraz de intimidad, tanta necesidad de ser aceptado que para todos alcanza.

Estoy dilatando el espacio entre dos o tres memorias: quiero sonarte inteligente para que no sepas cuántas sesiones de fresa y yeso me costó eso. Punto.

¿Recuerdas esos PDFs de poliedros para recortar?, bueno, eso es mi cuello cuando argumenta ser capaz de decirte que puede hacer algo tranquilamente. Cuando quiere hablar de belleza pero sostiene, con firmeza, que nadie se da cuenta que es un radiotransistor humano y que nuestra vida no tiene banda sonora sino que
con los nervios somos arquitectos de nuestras espaldas.
Cuando se adueña del tiempo, así mi cuello conecta con mis raíces y tus rodillas temblando nos abren a todos la tranquilidad que escasea en este viaje.

Estoy enfermo. No quiero saberlo. No quiero oírlo. No quiero ser humano y no quiero este enlace de proteínas limitarlo a la excusa de poder caminar porque me pasé la vida entera intentando cambiar el corazón de mujeres paridas entre mármol y planos. Mi generación se enfrenta a sus ancianos vestidos con la piel del toro, los ojos inyectados de los roedores y la fuerza avasallante en la mandíbula de las cabras,
sus amores-pezuñas con las que destruyeron y escalaron sobre mi espalda,
sus voces potencia de mugido que anula nuestras formas nuevas pero exige sumisión disfrazada de llamadas amorosas… ¡cómo no alejarme si tengo el corazón con hambre de usar martillo y cincel, si soy jihadista por el redoble de tambor que me guió hasta sus bancos de semillas!

Y sé a qué sabe la penumbra en la piel de todos los demás, la de ellos incluída…

LA CACERÍA Y LOS VENDAJES CUANDO HAY ZOMBIES (QUINTA PARTE)

Me dispongo a dejarlo todo y empezar el camino de tierra… estaba cansado y furioso y ahora es como, ahora es bebo, ahora es azul eléctrico, ahora es arenisca y falsos profetas caídos como las estatuas de los primeros amores -te llamo a tí, papá o mamá-. Tengo miedo porque las diosas y yo tenemos venganzas, guerras, odios y pentagramas pendientes, y no sé si está bueno salirle al paso al mapa pero no puedo dejar pasar la construcción de la nave… y sin minería y tetas, no hay paraíso en el viaje. ¿Verdad?

Yo no quiero ser amante de un mundo orwelliano, no quiero ser la persona que se obsesiona con el afuera pero el adentro está reventado… no puedo ser grandilocuente porque yo sé es ser pequeño, invisible, invivible. Me quiero mover pero el peso era grande, ¿cómo se supone que funciona esto de colarse entre los piñones?
Se me aburguesa el amor pero porque ya no estamos en este siglo para nada que no sea regenerar o morir. Cuando veo a esas parejas felices empujando autitos de bebé y los veo con sus ilusiones de libertad recuerdo cuántas etiquetas les caben en la cabeza y cuántas nos intentan ahogar abrazando, como una bufanda u otra pieza negra más, como la vida misma.
Y sabes…
Me da miedo el coro de voces detrás de las estrellas, me da terror su voz implacable y su presencia a rajatabla; si él amor no son conexiones, si no son envolturas eléctricas de ideas, si es caducidad cualquiera yo me declaro sencillo porque ya no sé qué es infección y qué esperanza de supervivencia.
Cuando visito el Mondo Adulto me da
abandono
asecuencialidad
y que la impunidad deja un bello sabor de boca.

Aclaremos algo: no tiene sentido que yo te diga qué es el amor si estoy esperando como tú que se me llene la nevera. La mía con puestos de mando, la tuya con ser madre soltera…